ESTA VEZ VENCE EL TIEMPO

«La organización vence al tiempo» decía Juan Perón cuando por su cabeza cruzaba la idea de la muerte y ya pensaba en la necesidad de institucionalizar a sus seguidores. Esta vez el tiempo se plantó en sus trece.

“Hemos dispuesto que se comience a estructurar el movimiento peronista como institución. … Porque el hombre no vence al tiempo, la organización es lo único que puede vencerlo” dijo Perón a todos los gobernadores y senadores de su espacio en la reunión realizada el domingo 29 de julio de 1973 en su casa de la calle Gaspar Campos. «Hay que recordar que mientras los movimientos gregarios mueren con su inventor, los movimientos institucionales siguen viviendo aún cuando desaparezcan todos los que lo han erigido» insistió a sabiendas de que ya muchos se probaban el traje que él iba a dejar.

Muchos años pasaron desde la muerte del líder justicialista; tanto que cuesta mucho encontrar en la realidad de su multiforme herencia algo que se parezca, en doctrina y mecánica, a lo que durante tres décadas intentó plasmar desde su conducción vertical, su política pendular y su objetiva observación de la realidad nacional de aquel tiempo.

El presente del peronismo -y de todo el escenario argentino que intenta emular la búsqueda de centralidad que incluya la conducción a distancia que llevó adelante durante los años del exilio- parece confundir «política pendular» con pararse en donde sopla el viento y la «observación constante de la realidad», basada en el talento del conductor, para interpretarla en la suma de focus group, encuestas, lectura de redes sociales y operaciones comunicacionales.

Una derrota del liderazgo y el retiro definitivo de la moral política. Ni hablemos de las convicciones…

Nadie sabe hoy como terminará conformado este pan-peronismo que se mezcla con progresistas de todos los colores, busca radicales desencantados y debe aceptar las pretensiones de supuestos candidatos que tienen más ínfulas que votos.

Y que lejos de poder definir un «hacia adónde, con quién y para qué» debe esperar los movimientos ajenos y resolver los berrinches propios para saber que es lo más conveniente -o al menos lo posible- para el único objetivo que se tiene a la vista: ganar las elecciones. Después se verá…

Y el tiempo, corto e inflexible cuando las estrategias se vacían de contenido, toma ahora el centro de la escena y comienza a condicionar los movimientos de todos. La oposición no atina a organizarse más allá de sectarismos que le restan posibilidades y el gobierno se muestra shockeado por la decisión de Cristina y busca saber si su estrategia polarizadora es ahora posible y suficiente o si debe pegar el volantazo y hasta cambiar la cabeza de su lista, algo que además le exigen no pocos de sus aliados.

Y entonces se trata de esperar que decante el temblor de Alternativa Federal y luego esperar la Convención Nacional de la UCR y esperar también como cerrará hoy el dólar y como serán los próximos índices de inflación y una calma en la sociedad que solo será posible si el consumo sale de su estado de coma y nadie se da cuenta de lo que sucederá apenas culminado el comicio.

Y así el tiempo pasa, el tiempo manda y…el tiempo gana.

¿La organización?…bien, gracias.