ESTATUAS DE SAL

Maduro y Guaidó comparten una mirada que hace que ambos crean ser dueños del futuro venezolano. Pero al posarse sobre el pasado esa visión los convierte en verdaderas estatuas de sal.

La crisis venezolana va hoy mucho más allá de lo que puede representar la caída o continuidad del régimen de Nicolás Maduro. Tras el decorado tétrico de un pueblo hambreado, sin los servicios básicos necesarios y rehén de una lucha salvaje entre diferentes intereses globales, asoma en el horizonte una cuestión geopolítica que seguramente es la más grave de las vividas en este siglo.

Mirando Venezuela podemos ver aquella Cuba de 1960 a la que el mundo observaba con frivolidad cuando de un grupo de barbudos románticos se trataba. Nadie movía un dedo por voltear la heterogénea Revolución y antes bien las grandes naciones se disponían a sostener un proyecto difuso, de perfil socialista pero que aparecía como suficiente para contener los negocios de occidente bajo la apariencia de una lucha frontal contra las mafias, la droga y la fuga de divisas a través del juego en sus grandes casinos.

Si hasta la «revolución moral» era útil para terminar con una competencia que mucho podía entorpecer el proyecto Las Vegas que ya estaba en camino…

Por lo demás, una pequeña isla en el Caribe bien podía dedicarse a jugar al socialismo o a lo que se le ocurriese. Nadie le daba importancia y tarde o temprano se convertiría en una de las clásicas dictaduras de la región que terminaban abdicando ante el poder absoluto de los EEUU. Nada para preocuparse….

Hasta que apareció la entonces gigantesca Unión Soviética y lo que parecía una capítulo de una serie televisiva de aventuras se convirtió en un drama que tuvo en jaque a medio mundo durante cinco décadas, con epicentro en aquellas jornadas de la crisis de Bahía de los Cochinos que tuvo al planeta al borde de una guerra nuclear durante 48 hs. Y Cuba ya no fue una pequeña isla aventurera…se convirtió en una gigantesca amenaza global.

Claro que Venezuela es otra cosa…

Un país gigantesco, la tercera potencia petrolera mundial y enclavada en el corazón de América Latina es un riesgo que EEUU y el mundo occidental no están dispuestos a correr. Si hasta Brasil presiona por estas horas para que se le autorice una intervención militar que ponga freno al riesgo de tener en poco tiempo a Rusia o a Irán instalados con su poderío nuclear en sus propias narices.

Por eso Maduro y Guaidó representan hoy aquello que menos interesa del conflicto y por momentos parece que ninguno de ellos se da cuenta. El presidente debió atender la imposición de Vladimir Putín para que se quedase al frente de la respuesta al levantamiento y Juan Guaidó no parece por estas horas poder hacer algo más que implorar a las Fuerzas Armadas una adhesión que torne en definitoria, prometer resultados que no se avizoran muy cercanas y esperar pacientemente alguna jugada externa que sirva para destrabar la situación.

Según Washington el presidente Nicolás Maduro estaba por abandonar el país con destino  a La Habana cuando Moscú le ordenó quedarse. Y el todopoderoso Ministro de Defensa Vladimir Padrino López estaba de acuerdo en que se fuera, lo cual indica que eso querían  los militares, conscientes como están de que estos son los últimos caminos hacia una amnistía que los ponga a salvo de los tribunales internacionales.

Leopoldo López se escapó y acompañó a Guaidó en una convocatoria a la postre precipitada. Hay que suponer que fue informado por Washington, con lo cual tenemos a Venezuela como escenario central de un episodio de una segunda Guerra Fría.

Ahora Estados Unidos tendrá que vérselas con Rusia y cada paso que lo acerque a un escenario de conflicto interno deberá ser dado observando las posibles respuestas en un tablero con repercusión mundial.

Lo que achica hasta el tamaño de un grano de polvo la importancia real de quienes en los titulares de la prensa mundial aparecen como los protagonistas directos de la puja. Dos presidentes que ya no gobiernan, ni juntos ni enfrentados, el territorio de un país que es epicentro de los nuevos alineamientos mundiales.

Dos estatuas de sal…