Un 17 de octubre pensado para matar al peronismo

Por Adrián FreijoUna plaza maquilladamente vacía, un presidente que no pudo asistir y  criticado por viejos enemigos del peronismo que fueron tratados como héroes. Final de un ciclo histórico.

El peronismo nació en la Plaza de Mayo y es muy posible que haya muerto en el mismo lugar. Al menos como expresión de una adhesión política que, compartida o no, fue reconocida por sublimar la lealtad como valor supremo de la pertenencia.

Hebe de Bonafini, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, fue la primera en dirigir la más fuertes  críticas al Presidente por la cuestión de la deuda externa. Y a ella se sumaron exponentes del kirchnerismo como el intendente Mario Secco, de Ensenada, el que tomó por la fuerza la legislatura bonaerense, el sindicalista Roberto Baradel, surgido del trotzkysmo y muy lejos de ser ejemplo del «primer trabajador» y Amado Boudou, exministro de Economía de Cristina Kirchner, hijo dilecto de la UCEDE, condenado por la justicia por actos de corrupción, que hizo uso de su libertad condicional para acercarse al acto por los 76 de la lealtad peronista y criticar a la figura del presidente Alberto Fernández.

Pero a este grupo de marginales que hace dos décadas lucran a la sombra del peronismo hay que agregarle algo aún más preocupante si de la supervivencia del movimiento nacido un lejano 17 de octubre de 1945 se trata: acompañando esta algazara, y convalidando con su presencia los ataques al presidente y a su gobierno, estaban figuras como Martín Insaurralde, jefe de gabinete del gobernador Axel Kicillof, o Leandro Santoro, supuestamente amigo del mandatario, hoy candidato del Frente de Todos en la CABA.

«Estirados» en una plaza cubierta en no más de un 40% de su capacidad (foto principal), cantando consignas ordenadas por punteros y dirigentes de segundo orden, los manifestantes fueron creciendo en sus enfrentamientos, poniendo en carne viva sus irreconciliables diferencias y generando un ambiente tenso y confrontativo que terminó por persuadir al presidente de la conveniencia de no hacerse presente. De haber asomado su figura al acto habría recibido un repudio que estaba preparado y ordenado desde las propias filas del movimiento del cual, se supone, debería ser líder.

Y como si mostrar al país las divisiones internas y la debilidad alarmante del jefe de estado no fuese suficiente, en pleno festejo un grupo de militantes atacó y destruyó carteles que acompañaban el memorial de las víctimas del coronavirus que se había colocado en la llamada Marcha de las Piedras, en la base de la Pirámide de la plaza. La idea, «exitosa» por cierto» volvió a ser la de enfrentar a la sociedad y recordarle que la única realidad aceptable es la que impone a como sea el kirchnerismo.

Las imágenes viralizadas a través de redes sociales son suficientemente explícitas como para sembrar siquiera una duda: la actitud fue premeditada, estudiada y parte de una definición política que fue común al acto desde su propio inicio y que tiene que ver con el odio cerril, la violencia y el amedrentamiento de la sociedad.

Hace 76 años el fundador del justicialismo decía en esa misma plaza a una inmensa masa de argentinos que había concurrido, sin planes sociales ni líderes piqueteros que le pusiesen «platita en el bolsillo», a rescatarlo de su prisión en Martín García y en el Hospital Militar: «Trabajadores: únanse; sean más
hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos». 

Tantos años después una bosa de gatos sin otro deseo que no sea acumular poder y dinero a costillas de la república quiso hoy adueñarse de su imagen para montar una charada que, como no podía ser de otra manera, terminó en un inmenso papelón.

Y es que, para bien o para mal, siempre ha sido imposible fingir peronismo.

Tal vez este 17 de octubre de 2021 sea tan histórico como aquel: todo hace pensar que los que hoy fueron a la plaza lograron su objetivo y enterraron al movimiento nacido en ese mismo lugar hace 76 años.

Robada su ideología, tergiversados sus líderes, cambiados sus destinatarios por rehenes sociales…solo quedaba matarlo. Y parece que lo lograron…