Estrategias, miedos y carencias de Macri y Cristina

Por Adrián Freijo¿Por qué deberíamos creer ahora que a Macri le importa lo que nos pasa?, porqué que Cristina cambió y ya no va por todo?. Conozca el escenario real de nuestra angustia.

Dicen con razón que la elección se dirime en la compleja Buenos Aires. Y que allí los números están parejos. Que la gobernadora María Eugenia Vidal le saca algunos puntos de ventaja a Axel Kicillof y que eso no estaría alcanzando ya  que para la elección a Presidente, Juntos por el Cambio aparece cuatro puntos atrás del Frente de Todos.

 Pero cualquiera sea el resultado nadie niega que será en ese territorio en el que se jugará la batalla final de una elección que aparece hoy como la más polarizada desde aquella que en 1983 enfrentó a Italo Argentino Luder con Raúl Alfonsín y en la que entre ambos cosecharon el 91,91% del tital de los votos ( 40,16 y 41,75% respectivamente).

Aunque esta vez el peronismo postule allí a Axel Kicillof, un candidato «cool» tan lejano a los modos de Herminio Iglesias y el oficialismo base gran parte de su imagen nacional en María Eugenia Vidal, distante por cierto del entonces desconocido y gris Alejandro Armendáriz.

¿Con qué realidad van a encontrarse los competidores?

La provincia reúne 12,3 millones de electores, que representan el 37% del padrón nacional. Equivale a los votos que aportan Córdoba, Santa Fe, la Ciudad Autónoma, Mendoza, Tucumán y Entre Ríos.

Aunque el verdadero desafío que afronta el gobierno está en el Conurbano y no solo en los 9,7 millones de electores que totaliza sino en los 8,9 millones concentrados casi por partes iguales en dos secciones cruciales.

La tercera, donde figuran entre otros los partidos de La Matanza, Almirante Brown, Esteban Echeverría, Lanús y Quilmes y que en Juntos por el Cambio ya consideran perdida.

Y la primera, que va desde Malvinas Argentinas, Merlo y Moreno, hasta Morón, San Fernando y Vicente López, que junto con la nuestra, la quinta, aseguró el triunfo en 2015 neutralizando la derrota en la tercera. Aunque las últimas encuestas hablan de serias dificultades en ambas secciones para repetir los números de entonces, mientras que la derrota en los bastiones peronistas podría ser hoy más catastrófica que entonces.

Y no es un dato menor: la suma de ambas dice que 28% del universo total nacional se asienta en esas dos secciones.  Casi un voto de cada tres que se emiten está allí.

No aparecen por ahora datos que muevan al optimismo oficial. La pobreza creció a un 35,9% durante el segundo semestre del año pasado cuatro puntos por encima de la media nacional.

Eso significa 4,4 millones de pobres, el 49% de todo el país y 900 mil más que en el segundo semestre de 2017.

De los 1.338.000 desocupados que hay en la Argentina, el 53% vive en el Conurbano. Si se agregan los subocupados cerca de un millón y medio de habitantes de esa parte del conurbano está con problemas laborales serios.

Cuando Cistina dejó el gobierno la pobreza había escalado al 30%, casi 6% menos que ahora. Y no son datos de los seguidores de la ex presidente ni siquiera de un INDEC que había dejado de medirla porque según el actual candidato a gobernador y por entonces Ministro de Economía Axel Kicillof “hacerlo es estigmatizar a los pobres”. Las cifras provienen de consultoras privadas que por entonces operaban abiertamente a favor de Mauricio Macri.

En materia de desempleo las cosas no están mejor para el gobierno. En el territorio bonaerense es del 12,3% y del 10,1% a nivel nacional, lo que señala una pérdida de 204 mil puestos de trabajo en blanco, 30% en la industria y 22% en el comercio.

 Todo indica que la realidad social hace muy difícil repetir los números de 2015. Los indicadores son invariablemente negativos y emerge de ellos una realidad difícil de ocultar: la gente está mucho peor ahora que entonces.

 ¿En que se basan entonces las esperanzas de Macri, Vidal y los suyos?.

Al igual que entonces en el miedo de una parte importante de la sociedad a Cristina, sus métodos, su personalismo agobiante y la corrupción convertida en parte integrante de la acción de gobierno. A lo que se agregan las viejas características de un peronismo que no termina de mirarse hacia adentro y adecuarse a los nuevos tiempos que hoy arrasan a la humanidad: el peso desorbitado de un sindicalismo anacrónico, incapaz de interpretar esos cambios y aferrado a los viejos sistemas de apriete que hoy tienen harta a la sociedad, el internismo recurrente, los métodos de cobertura cuasi mafiosos, la manipulación de la justicia, la insistencia en proponer una economía cerrada en una era de apertura mundial y el culto a la personalidad como esencia de la política partidaria.

Formas mundialmente extendidas en los años 40 del siglo pasado pero observadas como antidemocráticas en la actualidad.

Además, en homenaje a la verdad histórica, durante las tres décadas de predominio peronista la Argentina vio aumentar su pobreza, la exclusión social, la caída de la inversión, la inflación y el aislamiento internacional. Ninguno de los indicadores sociales y económicos mejoró tras las administraciones de Menem, Duhalde, Kirchner, y Cristina; porque frente a la apariencia de los números tarde o temprano aparecía el peso de la realidad que convertía tanta ficción en crisis recurrente.

 ¿Alcanzarán esos miedos para tapar la dolorosa realidad de un 40% de ciudadanos que nada han recibido del gobierno de Macri que no sean promesas de un futuro mejor que se encuentra tan lejano a sus necesidades inmediatas?.

¿Bastará a uno el marketing y al otro la promesa de haber cambiado para seducir a un electorado que aún tan cerca del comicio aparece desorientado?.

¿Por qué debemos creer que Mauricio Macri va a preocuparse ahora por la angustia de la gente?, ¿por qué aceptar que Cristina Kirchner y los suyos cambiaron, que no van por todo, que ya no robarán y que han aprendido de sus errores?. Son demasiadas preguntas que ahora no tienen respuesta…

Agosto las insinuará y octubre las responderá. Pero ningún resultado podrá esconder por mucho tiempo la realidad de una Argentina explosiva en la que la inequidad aparece cada vez más acentuada y el divorcio entre la gente y la política va angostando el camino de la mentira y se encamina sin pausa hacia el abismo de la anarquía.

Porque solo eso quedará como alternativa cuando tomemos nota que toda la política nacional es una gran mentira….