Fernanda Raverta y la tibieza del poder prestado

Por Adrián FreijoSe conoció un pequeño incidente que la titular de la ANSES tuvo durante una de sus recorridas por el Espacio Unzué. Y lo ocurrido muestra la desnudez de su construida figura.

El poder tiene dos -y solo dos- vías de construcción, aunque el resultado y la solidez de lo obtenido no se necesariamente el mismo.

Una es aquella que unge a una persona por el derecho propio de una vida dedicada a hacer cosas útiles para la sociedad, en base a talento y esfuerzo propio y con la capacidad de sumar voluntades a su alrededor de aquellos que creen en sus propuestas y están dispuestos a seguirlos y confiar en su capacidad de para resolver problemas y marcar el camino. Esta variante del poder trae adosadas dos características que, en la lentitud de su formación, aseguran la continuidad del don: el prestigio y la perdurabilidad.

Hay otras formas de poder que nacen de lo aleatorio: el del «los hijos de», «los amigos de», los que representan en un espacio de poder  tan solo el valor cuantitativo del equilibrio, los que son capaces de interpretar las debilidades de un líder y las utilizan para introducirse en su interior en búsqueda de sacar ventaja, los que están dispuestos a corromperse para el que manda y los obsecuentes del si fácil siempre dispuestos a hacer creer al jefe que todo lo que dice y hace raya la perfección. Quienes así llegan al poder serán por lo tanto efímeros y carentes de todo prestigio.

Cuesta mucho encontrar en la Argentina de hoy a alguien que llene aquellos requisitos del poder como emergente de la virtud. Y se cuentan por miles los que integran este ejército de mediocres y advenedizos que, por el solo hecho de acceder sin mérito ni esfuerzo alguno, poco y nada saben hacer con el espacio que deben administrar que no sea buscar el propio beneficio o postrarse servilmente ante quien los colocó en ese lugar de privilegio.

Dicho esto, valga tomar lo que le ocurrió a Fernanda Raverta como un ejemplo del lugar que ocupan quienes transitan un poder prestado, en el que el mérito está ausente y que siempre los obligará a rodearse de mediocres, parientes y ganapanes para sostener lo que -frente  una verdadera compulsa con la gente- sería imposible de retener.

Porque ya es tiempo de dejar en claro que la tristemente célebre «lapicera» con la que los caciques y caciquejos de la política argentina llenan los casilleros del poder, lejos de ser una demostración de fuerza es la más clara expresión de la debilidad de quien sabe que no está en condiciones de someter a elección sus deseos.

En una recorrida que hizo por el espacio Unzúe la titular de ANSES se topó con un trabajador que tiene un puesto de artesanías, el cual le consultó si estaba a favor de las exploraciones petroleras frente a nuestras costas ante lo cual Raverta se hizo la desentendida y  no contestó.

“Que tibia” fue la frase con la cual el feriante de despidió de la ex candidata a Intendente.

Raverta esquiva desde un principio responder a la cuestión.  “¿Tu postura sigue siendo la misma sobre las petroleras?” le consultan nuevamente a lo que responde, como lo hace desde el primer día, con el aprendido sonsonete que dice “sin cuidado del medio ambiente no hay desarrollo posible” …agradece y se va.

Y es que no puede hacer otra cosa. Todo su poder deviene de relaciones personales con la ex presidente, obediencias ciegas a una estructura interna y ni siquiera ha podido ser consolidado con algún éxito electoral.

¿Cómo va a arriesgar una opinión propia si su destino será el de repetir la que desde el verdadero poder kirchnerista le ordenen asumir ante la situación?.

Lo de Fernanda no es tibieza: es simple obediencia debida. 

Allá por 2018 desembarcaron en Mar del Plata dos proyectos políticos implantados un tanto de prepo por las dos fuerzas preponderantes: Guillermo Montenegro, enviado a estas costas para tratar de borrar el desastre de la administración de Carlos Arroyo y al mismo tiempo no dejar en manos de la UCR la suma del manejo de Cambiemos, y Fernanda Raverta como punta de lanza de La Cámpora que por entonces buscaba apropiarse de los tres principales distritos bonaerenses para terminar de hacer pie en la provincia.

Y mientras el primero consolidó su poder a fuerza de votos -primero en las PASO derrotando nada menos que a Vilma Baragiola y luego en las generales- Raverta fue parte de un derrota general que dejó a los «pibes para la liberación» sin Mar del Plata, Bahía Blanca y La Plata.

Pero nadie en el Frente de Todos pareció tomar nota de lo ocurrido y, apenas dos años después, volvieron a la carga con los mismos vicios e idénticos caprichos. Y el resultado, está a la vista, fue aún peor que en aquella primera ronda.

Por eso Montenegro puede salir al cruce del proyecto petrolero y adelantar que se va a parar al lado de los marplatenses para defender sus intereses, mientras Fernanda debe limitarse a un «ni» que la aleja cada vez más de la consideración de la gente.

Uno se ha ganado el poder a fuerza de votos y la otra sigue aferrándose en base a pretextos…

Y deberá seguir aguardando órdenes superiores para poder afirmar algo sin correr el riesgo de caer en el peor de los pecados para alguien en su prefabricada posición: pensar.

Así de simple…