FFA, Sergio Marchi y otra vuelta de tuerca de la Argentina agotada

(Redacción) – U$S 2 millones que no encuentran una explicación, dirigentes enriquecidos y futbolistas desamparados. Futbolistas Argentinos Agremiados, otro ejemplo de un país prostibulario.

Muchas veces sostenemos que la Argentina está terminada, si por continuidad entendemos seguir por los pasos que hemos caminado hasta ahora. Ayer mismo decíamos que el propio Presidente «será pasado» si pretende conformarse con administrar la herencia recibida con las mismas reglas que fracasaron una y otra vez durante décadas.

Nos preguntábamos además: «¿No se ha puesto usted a pensar que si la justicia anda mal, la política anda mal, la economía anda mal, el sindicalismo anda mal, la educación anda mal y todo anda mal menos las telenovelas, que son turcas o brasileras, es porque algo muy profundo nos está pasando?».

Cometíamos sin darnos cuenta una grave omisión: citar al fútbol –fenómeno «in-cultural» por excelencia del país, entre las cosas representativas que habían dejado de funcionar hace muchos años.

Por supuesto, y como siempre ocurre, debieron pasar apenas horas para que la realidad nos anoticiara de aquel olvido.

María Servini de Cubría ordenó secuestrar una suma superior a los dos millones de dólares que la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) entregó a la Fundación «El Futbolista», de Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA), por un convenio que no estaba contemplado en el estatuto de «Fútbol para Todos».

El secuestro de éstos 2.191.811 de dólares se dio en el marco de la causa que investiga presuntas irregularidades en los fondos del programa «Fútbol para Todos», donde Servini ordenó allanamientos en cajas de seguridad de los bancos Santander Río y HSBC, donde dicha Fundación tenía guardada la totalidad de ese dinero.

Dicha Fundación se creó en el año 1991 y establecía un convenio con la AFA donde por obligación el equivalente al 2 por ciento de las sumas brutas totales que reciba por la transmisión de los partidos que disputen los clubes afiliados durante el desarrollo de los torneos que organice».

La propia Graciela Ocaña denunció oportunamente a la fundación, convencida -como ahora parece estarlo Servini de Cubría- que se trataba de una tapadera para el desvío de fondos en beneficio de algunos dirigentes.

Ocaña creía que esta maniobra formaba parte de los oscuros negocios de Grondona con el uso de fondos públicos. “Esta fundación pertenece a Agremiados. Pero no se entiende porqué un sindicato como lo es Agremiados que recibe los aportes y cargas sociales de los futbolistas de un deporte con altos ingresos tiene que recibir estos fondos. Hay una clara defraudación a los fondos públicos”, explicó.

Pero hasta el momento ni Sergio Marchi -ese apéndice de Grondona que se las ha ingeniado para que el jugador argentino sea menos cubierto y protegido que un angoleño- ni nadie en sus cercanías han podido explicar que ese dinero, teóricamente propiedad de los clubes y en parte reservado para obras con sentido social que beneficie a los afiliados, estaba en poder de FAA sin otro destino aparente que el uso por parte de sus directivos.

Una más de Marchi, una más de la AFA «grondonista» y una más de un fútbol en manos de políticos corruptos, dirigentes impresentables y, ahora se sabe, gremialistas cómplices.

Un verdadero agujero negro que siempre iba a parar al bolsillo de algún avivado que como tantos otros solo ha ayudado a que el fútbol sea considerado hoy una de las actividades más corruptas del planeta.

Porque entre Blatter, Grondona, Segura, los dirigentes de los clubes y los de Agremiados la única diferencia radica en la porción a la que cada uno echaba mano.

Así de sencillo….de frente «marchi».