FIGURETTIS

Los «habladores» suelen ser el peor enemigo de la programación. Y una acción de gobierno, en el contexto de una crisis como la argentina, requiere de prudencia, reserva e ideas.

Los voceros suelen ser los «habladores alternos» de sus mandantes. Más allá de expresarse por ellos tienen la función de manejar el off the record, esa institución de la política que generalmente se usa para operar sobre la prensa, descalificar a un rival interno o instalar un tema que interesa al gobierno o a la oposición según sea el caso.

Todos en la actividad política y periodística entienden de que se trata el juego y por lo tanto unos y otros se mueven con prudencia antes de dar por bueno el contenido de las vocerías, sus exclusivas y sus «esto no es para publicarse». Las trampas, como cáscaras de banana parlantes, están siempre a la vuelta de la esquina…

Pero…¿qué hacer cuándo el que se despacha con un disparate es un protagonista central y lo hace sin siquiera sugerir el silencio de la otra parte?. ¿Se publica lo dicho?, ¿se chequea su veracidad, lo que no parece necesario toda vez que la fuente está parada ante nosotros y es a la vez protagonista?. En estos casos se suele publicar lo afirmado, aún sabiendo que apenas ello pase sonará el teléfono para que quien habló tan suelto de cuerpo nos diga «me sacaste de contexto», «no es lo que quise decir» o el apenas más humilde «me malinterpretaste».

Y es que muchos de estos protagonistas, en su afán por exagerar su cercanía con el poder, suelen pensar más en el lucimiento personal que en el contenido de sus palabras.

Felipe Solá, próximo Canciller de Alberto Fernández, suele ser dueño de un discutible humor que hace de la ironía y el doble sentido la constante. Y así, desde que trascendió su designación, ha incurrido en imprudencias que afectan y condicionan las relaciones internacionales del país en el tiempo que viene. Posiblemente, como parece ocurrir con su mandante, la mirada sesgada sobre la globalización del trato entre países y un pertinaz desconocimiento de las dudas que despierta Argentina en todos los bloques, sin excepción, evitan que el ex Secretario de Pesca tome conciencia de la imperiosa necesidad de callarse la boca.

Eduardo Valdez, como si no hubiese sido suficiente para él que se hiciesen públicas escuchas telefónicas en las que aparecía operando con los servicios de información paralelos y algunos dirigentes kirchneristas contra el juez Bonadío, se erige ahora en intérprete y vocero del Papa Francisco adelantando la prescindencia de este en la cuestión del debate por la despenalización del aborto. Un disparate que mereció una inmediata desmentida por parte de la Iglesia.

Guillermo Nielsen, designado para resolver el tema de la deuda con el FMI al que todos reconocen como eje fundamental del accionar económico del próximo gobierno, no para de producir trascendidos que ponen a los acreedores en alerta y generan un escenario inestable para futuras negociaciones, con consecuencias que pueden ser más graves de lo que el lector atine a pensar. Y que en el día a día hacen subir el índice de riesgo país obligando a la Argentina abonar una sobretasa que cuesta centenares de millones de dólares.

Juan Grabbois, otro pretendido alter ego del pontífice, no deja pasar ocasión alguna para adelantar expropiaciones, persecuciones, estallidos y todo lo que pueda ayudar a generar una atmósfera de inseguridad y miedo que es lo peor que puede esperar el nuevo gobierno si es que realmente pretende cerrar la grieta abierta ya hace mucho entre los argentinos.

Y así podríamos seguir agregando ejemplos recientes de allegados al poder electo que parecen augurar un tiempo plagado de palabras incendiarias, versiones disparatadas y proliferación de operaciones mediáticas, de las que siempre terminan por crear una atmósfera de inestabilidad que paga toda la sociedad.

Demasiado «figurettis» dando vuelta, demasiada imprudencia y una preocupante falta de liderazgo para ordenar silencio. Antes bien, el futuro presidente pasa gran parte del tiempo aclarando lo que dicen sus colaboradores, cuando no agregando leña al fuego con sus propios dichos que distan bastante de ser prudentes y/o meditados.

Cuidado entonces; como nunca antes sería bueno recordar que la Argentina es dueña de los silencios y esclava de las palabras…de sus gobernantes.

O así debería ser…