FORMOSA: INFORME SOBRE CIEGOS

Los hechos de violencia y desborde popular ocurridos en Formosa son signos inocultables de un estado de enojo popular que van más allá de los límites de esa provincia. ¿Sabrá entender la dirigencia argentina?

Formosa ocupa el centro de la escena, pero sería equivocado confundirla con un actor protagónico: es una provincia más en el reparto de una trágica obra que representa la decadencia argentina, nuestra pobreza institucional y el creciente enojo de la gente.

Desde hace tiempo se nota en la población un desencanto que poco a poco fue variando en malestar y hoy se acerca peligrosamente a la furia. Y es que entre promesas y discursos la dirigencia del país -cualquiera sea su color político y su ubicación en la grilla de la realidad nacional- la ha ido empujando al desierto de las carencias, la falta de futuro y la desesperanza. Esa que a veces toma forma de quiebre, otras tantas de exilio y en no menos ocasiones de un individualismo creciente que no deviene de la perversión sino de la necesidad de salvarse a si mismo.

Pero hay momentos en los que un hecho se convierte en catalizador de todos esos estados de ánimo y logra despertar en el conjunto una respuesta única que suele ser tan violenta como determinante. La historia argentina está llena de estos hitos, desde nuestra propia constitución como nación y hasta la actualidad.

Formosa seguramente no será el último caso de rebelión popular -porque de esto se trata aunque la capacidad de maniobra del gobierno provincial, la intervención de la nación y la siempre presente prudencia de quienes temen el cambio de status quo puedan moderar la violencia en los próximos días. Y ello será así en tanto y en cuanto la casta gobernante y privilegiada, integrada por políticos, sindicalistas, empresarios y dirigentes de todo cuño y nivel no entiendan que se agotó el tiempo de la impunidad y asoma el de comenzar a atender las demandas sociales.

Si no pueden ponerse al frente de un cambio profundo, si sus limitaciones los mantienen intentando una y otra vez las mismas cosas que nos llevaron a este estado como conjunto, si creen que con maniobras o con violencia podrán torcer el rumbo de una crisis terminal que ya camina con más prisa que pausa, estarán intentando tapar el sol con las manos y deberán afrontar consecuencias que dejarán huellas sobre ellos y sobre todos quienes, culpables o no, se hayan beneficiado de sus corrupciones.

Como en «Informe sobre ciegos», la magnífica obra de Ernesto Sábato, cuyo nombre sirve para titular este editorial, que gira en torno a como desde un lugar oscuro se tejen los siniestros hilos que gobiernan el sentido del mundo y de los hombres, así la Argentina ha padecido la continuidad de los designios perversos de una clase dirigente construida en torno al lucro personal, la eternidad del poder y el privilegio por sobre los sectores populares.

Pero Formosa nos hace ver muchas cosas. Y el que mira…ya no está ciego.