Francisco Márquez: un marplatense que encontró su lugar en Japón

Como tantos otros argentinos emigró buscando un horizonte mejor para él y los suyos. El contraste cultural no le impidió integrarse y avanzar. Y rescata como el gran valor que «acá no se puede mentir».

El marplatense Francisco Márquez habló en Radio Brisas desde Saitama tras la finalización de los Juegos Olímpicos. En diálogo con Florencia Cordero en el programa Un Lugar en el Mundo, Márquez dio su impresión sobre Tokio 2020. «Hacerlo fue una decisión de último momento, han tenido que devolver una fortuna de entradas, hubo quejas importantes por la devolución de las entradas. Yo tenía la intención de ir a alguno de los eventos pero cuando lo suspendieron y empecé a ver las nuevas tarifas, se terminó la intención. Lo que quisieron hacer los políticos era mostrar el grado de organización y tecnología que podían desplegar, no les interesaba el público ni los deportistas y los periodistas no existían«, expresó.

Vive hace 30 años en Tokio y soñaba con volver a Mar del Plata, pero con el tiempo esa ilusión se fue apagando. «Mi idea era volver pero lamentablemente el pueblo argentino ha demostrado que no es confiable en las urnas. Y esas cosas son las que no me permiten el regreso; si vas por la calle tenés que guardar el teléfono, esas cosas lastiman» confiesa.

«El equilibrio de la sociedad japonesa pasa por la idiosincrasia de la población. Y eso es lo que se está alejando en Argentina. Después de tres semanas de estar en Mar del Plata, poniéndole mucha voluntad, ya me entran ganas de volver. Me gusta la tranquilidad de Japón, la seguridad, se te cae la billetera y estás seguro de que la vas a encontrar con el dinero, uno puede olvidarse la llaves del auto puestas y va a seguir estando ahí después de pasar un día de playa», agregó Márquez.

Por otro lado, explicó que «la cultura del trabajo es única, se logra todo lo que uno quiere. Yo caí en el momento de la burbuja, cuando Japón crecía, unos años después se pinchó y los que no lograron adaptarse, se tuvieron que marchar, quedamos los buenos. Se puede planificar, yo vine casado, después de tres años podía comprarme un auto de lujo. Es muy importante la estabilidad. Todo es papelerío, hay que llenar un formulario, para lo que sea. No existen los sindicatos manejando el seguro de salud de la gente, es universal y estamos todos incluidos en ese seguro. Nadie toca ese dinero, pasa del Estado a los centros médicos».

Con respecto a las normas en Japón, manifestó que «yo sigo siendo argentino, pienso que hay ciertos aspectos del pueblo japonés, que son muy negativos y las cosas se discuten, si uno tiene razón, tiene razón y no hay alternativa. He discutido con la policía por intento de poner multas y les he ganado la discusión. Si uno le gana la discusión, no se pone la multa. Lo que tienen acá es que ellos no pueden mentir».

Con relación a Mar del Plata, su ciudad natal, contó con emoción que desea «ir a la casa de mis padres que antes era de mis abuelos, la playa. Ahora ya no tengo más parientes allá, solo algunos amigos, algún día voy a volver a visitar a la gente, comer alfajores, ir a alguna parrilla. Yo vine con un título, que nunca lo revalidé pero vine para hacer un trabajo específico, entonces eso me permitió seguir viviendo aquí. Mi visado era aparte del visado de mi familia. En esa empresa trabajé dos años, se mudó y no me interesó mudarme a ese lugar».

Por otra parte, comentó que en Japón es común hablar de la llegada de huracanes. «El huracán es una cosa normal acá, tenemos el número once del año. En las zonas costeras puede causar algunos daños, pero generalmente son casas o galpones muy antiguos o en mal estado, o carteles que se vuelan de un soplido. Acá no llegan con suficiente fuerza, sí llega mucha lluvia», detalló.

Por último, confesó que «siempre he vivido con tranquilidad, con seguridad económica que me ha permitido darme pequeños lujitos, el hecho de haber podido educar a mis hijos hasta donde ellos quisieron, sin límite. Si tuviese que citar lo malo sería la falta de amigos, la soledad con la que se vive, el destierro, me considero un exiliado económico, la democracia en Argentina no trajo los beneficios que se suponía que debía traer. Podía haber elegido otros lugares, pero este resultó una buena opción» concluyó.

Escuchá la nota con Francisco Márquez en Un Lugar en el mundo con Florencia Cordero desde Japón