GIRI, OSSE Y LA FICCIÓN

El Concejo rechazó el nombramiento del cuestionado funcionario como titular de la Sociedad de Estado. Ahora queda en manos de Arroyo continuar o acabar una ficción que ensucia a su gobierno.

De nada valieron las promesas, las presiones y hasta algún carpetazo que por interpósita persona envió Emiliano Giri para lograr los votos necesarios para acceder a la presidencia de OSSE y así hacerse del manejo de una caja millonaria y la posibilidad de arrimar a empresas sugestivamente cercanas al negocio de la energía eólica. En su inexperiencia -esa que no pudo indicarle la conveniencia de evitar la sobre exposición- le mintió a propios y extraños afirmando que «a los concejales ya los tengo a todos arreglados y me sobran dos votos».

Fuegos fatuos que en realidad escondían un verdadero incendio que no quiso o no supo apagar…

Su accionar imprudente se sumó a una boca con serias dificultades para mantenerse cerrada y la constante descalificación de los aliados de Cambiemos, surtió el mismo efecto que en los principios de la gestión de Arroyo ocurrió con su descarada afirmación de que «el verdadero intendente soy yo; yo lo hice ganar a Arroyo y voy a ser su sucesor».

Ahora, enojado por el anunciado final de su aventura, amenaza con que esta noche hablará con el intendente Arroyo, y si este le propone que continúe como asesor, así lo hará. La empresa, su volumen y la gente de Mar del plata están muy por debajo de su decisión de seguir manejando desde las sombras un bien que nos pertenece a todos. A ese punto llega la inconsistencia de su soberbia y su costumbre de hablar primero y pensar después…

Será Carlos Arroyo quien ahora deba poner las cosas en su lugar. Los concejales son los accionistas de la sociedad de estado y sería muy grave que habiendo rechazado la designación se vieran obligados, en nombre de los contribuyentes, a ver a OSSE en manos de aquel al que le negaron el voto de confianza.

Es claro que lo que está en juego es la filosofía democrática: si a los representantes del pueblo se los burla con una designación arrancada con fórceps y la empresa es manejada solapadamente por un asesor ad honorem, estaremos frente a una muestra inocultable de desprecio a las instituciones y a la voluntad de las mayorías.

Terminados los delirios, los sueños de grandeza y las egolatrías del postulante, de lo que ahora se trata es de resolver si estamos frente a un gobernante democrático o un impostor llegado desde el autoritarismo que desprecia un mensaje tan claro del cuerpo representativo por antonomasia.

En resumen…si las aguas bajan claras o turbias.