Hernán Mourelle le debe una explicación a los marplatenses

Por Adrián FreijoSu fallido ingreso a la ciudad  manejando un automóvil perteneciente a uno de los principales proveedores del municipio, plantea preguntas que exigen respuesta.

Hernán Mourelle llegó el jueves al retén de la autovía 2 conduciendo un Ford Mondeo sedán, chapa patente AD178JQ, cuyo titular es la firma Ciageser SA. Mourelle pudo exhibir su cédula azul número AME 25.620. La restante cédula autorizada , número ALQ56767 a nombre de Nelson Fabián Iturrieta, presidente de dicha empresa.

Ciageser SA es una empresa que inicialmente estuvo a cargo de la recolección de residuos voluminosos de la ciudad. Miles de los containers plásticos de esa firma se ven frente a restaurantes, verdulerías, industrias, grandes comercios y hasta establecimientos educativos, que produzcan más de 20 kilos de residuos diarios.

Ligada a la firma 9 de Julio, encargada de la recolección domiciliaria de residuos en la ciudad, que cobra un canon mensual de 162 millones de pesos lo que la convierte en uno de los principales proveedores de la Municipalidad. Siempre se sostuvo que Giageser S.A. era en realidad una empresa cautiva de la 9 de julio, lo que a la luz de los datos conocidos ahora parece confirmarse: Miguel César Iturrieta, hermano de su titular y propietario del automóvil utilizado por Mourelle es el apoderado de la empresa 9 de Julio y quien firmó en su momento, el 13 de enero de 2016, el contrato con el ex intendente Carlos Fernando Arroyo para la recolección de residuos e higiene urbana del partido de General Pueyrredón, por el plazo de 96 meses, hasta 2024 y por un precio que no sólamente fue considerado excesivo sino que fue actualizado periódicamente en montos que superaban cualquier razonabilidad.

Fíjese además el lector que, contra toda lógica y costumbre, aquel contrato comprometía además a la administración siguiente a la de Zorro Uno -tal vez en esto más zorro que nunca- ya que abarca todo el período de gobierno que hoy encabeza Guillermo Montenegro. Un paquete bien cerrado…con moño y todo.

El año pasado los comerciantes del sector afectado habían presentado sus quejas en el HCD por el precio abusivo que la empresa les cobraba por el uso y retiro de los contenedores.

Arguían que debían pagar sólo por la recolección de residuos tres cargos distintos, tanto al gobierno municipal como a empresas privadas. No entendían por que, si ya abonaban la TSU que incluye el servicio de higiene urbana, se les obligaba a contratar con Giageser S.A. aun costo desproporcionado y que se mantenía con los precios de temporada aún en temporada baja.

“Los precios que nos cobran por el traslado de los contenedores para los residuos son altísimos, sumandos a los demás costos de tasas, servicios e impuestos, lo que hace imposible llevar adelante el negocio. Como resultado los restaurantes que abrían todos los días, ahora abren sólo los fines de semana» denunciaban entonces.

Y también que todas las gestiones realizadas ante las autoridades municipales eran desoídas por Arroyo, Mourelle y los funcionarios de todas las áreas involucradas.

Ahora podemos comenzar a entender por que las cosas eran de esa manera. La estrecha relación del ex Secretario de Hacienda con la empresa involucrada levanta algo más que una sospecha y todos tenemos derecho a sospechar que detrás de aquellos abusos se encuentra esta devolución de favores.

Hernán Mourelle se fue de la ciudad dejando tras de sí el peor de los recuerdos: su soberbia, su vocación por el conflicto, su grosería conceptual que lo impulsaba a descalificar a los trabajadores municipales, a los empresarios locales, a las sociedades de fomento, a los productores rurales, a los representantes del pueblo, a la prensa y a todo el que se cruzara en su camino fue sin embargo una figurita más en la postal del destrato, la mediocridad y la falta de concepto que signó a toda la gestión de gobierno de Carlos Arroyo. El personaje encajaba perfectamente en el dislate y el bochorno que tuvimos que soportar todos durante cuatro años que serán recordados como un agujero negro en la vida de la ciudad.

Pero, cuidado, la imagen de Mourelle disfrutando el beneficio de su relación con empresarios privados a los que supo beneficiar con dineros públicos es algo más que un exabrupto de aquellos a los que ya nos habíamos acostumbrado. Tal vez se trate solo de una falta imperdonable al decoro que debe estar presente en todo aquel que pasa o haya pasado por el lugar que él no supo honrar; pero esa virtud no ha sido por cierto uno de sus fuertes.

Y por ello todos tenemos derecho a dudar, a sospechar y a preguntar. Y él la obligación de responder con otros argumentos que no sean una nueva grosería de esas que lo hacían sentir tan cómodo.

Y que ahora parecen haber sido solo un subterfugio para, tal vez, ocultar cosas mucho más delicadas…