«Hoy te toca a vos»: el absurdo país que prefiere marchar por mitades

Por Adrián Freijo – El pretexto fue el intento de expropiación de Vicentín, pero el sesgo de las marchas que recorrieron la Argentina indica un endurecimiento de una grieta que parece no cerrar.

Esta vez fue Vicentín, pero nadie puede llamarse a engaño: más allá de algunos lugares puntuales en los que la situación de la empresa afecta en forma directa a los habitantes, el tema fue utilizado para armar una fuerte marcha opositora -tal vez la primera de muchas otras que le seguirán en los próximos tiempos- y la sensación de que la grieta llegó a la Argentina para quedarse.

La defensa del capital privado es un argumento válido para quienes salieron a las calles. Cuentan con una aliada de un peso específico mucho más fuerte que lo que su declinante utilización podría llegar a indicar: la Constitución Nacional.

Menos peso tiene el enojo por la utilización de los DNU para definir este tipo de cuestiones. El gobierno de Mauricio Macri batió todos los récords en materia del uso de este instrumento y fue justamente el que utilizó en su momento para salvar a su propio padre de una deuda de $4.000 millones por el Correo. Y nadie salió a la calle a defender una empresa que era tan argentina como Vicentín.

En la Argentina hasta los principios son negociables, según en la vereda en que estemos parados.

Es bueno que salgamos a la calle en defensa de nuestros derechos; tan bueno como que aceptemos sin falsedad y sin vergüenza cuando apoyamos o nos oponemos a un gobierno. No lo es tanto que pretendamos que haya cosas que son buenas cuando las hacemos nosotros y malas cuando las hace el otro. Esas actitudes insultan la dignidad y menoscaban la inteligencia.

Y la dignidad y la inteligencia, tan necesarias para que una sociedad se desarrolle, no pertenecen a ningún color político. Las naciones las tienen o carecen de ellas. Punto…

¿Queremos que nuestros legisladores se aferren a la Constitución?…comencemos por no elegir cuando se la usa y cuando no.

¿Queremos que los gobiernos no actúen solo en su propio beneficio?, dejemos de hacerlo nosotros.

¿Queremos una república fuerte, sustentable y democrática?, exijamos a todos, propios y extraños, cumplir con las leyes vigentes y midamos con la misma vara ese cumplimiento.

Desde LIBRE EXPRESIÓN hemos bregado en forma incansable por el respeto a la Constitución. Y vemos hoy que el gobierno de Alberto Fernández vuelve a mostrar una tendencia a su manipulación y, en casos como el de Vocentín, su violación lisa y llana. Por algo el presidente busca ahora un camino alternativo; sabe que quienes lo empujaron en esta aventura lo llevarán por el mismo camino de fracaso que transitaron con Aerolíneas Argentina y con YPF y que lo depositará, tal vez cuando haya vuelto a su casa, en la responsabilidad histórica de haber costado al país miles de millones de dólares.

¿Hasta cuándo?…

Nos pasó con el Parque Pereyra Iraola en tiempos del primer peronismo, con CATA, aquella empresa privada de aviación con la que supo quedarse Alvaro Alsogaray como funcionario del gobierno de la Revolución Libertadora, con los contratos petroleros firmados por Arturo Frondizi, que Arturo Illía anuló y representaron un juicio millonario que terminó pagando el gobierno de Carlos Menem, con los casos que citábamos más arriba, incluido el correo de los Macri, y con tantas otras cosas.

Y siempre las facciones que apoyaban al gobierno de turno aplaudían el «patriotismo» de lo resuelto y la oposición de turno anunciaba catástrofes que en todos los casos se concretaron. Y ya ve el lector que los desmanes citados, tan solo una muestra de la larga historia de incumplimiento de los contratos, fueron llevados adelante por civiles y militares, radicales y peronistas, liberales y kirchneristas. Por todos…

Ya basta. Si queremos seguir marchando por mitades…adelante; sarna con gusto, no pica.

Pero por favor…que no lo sigan pagando por los siglos de los siglos las nuevas generaciones. Y si no, que el último apague la luz.