IMPERDONABLE

Argentina había ingresado en un camino de transformaciones que ciertamente necesitaba. La integración al mundo, la infraestructura, la conectividad. Sin embargo sus hacedores se olvidaron de la gente.

Tras décadas de abandono de la obra pública necesaria para la modernización del país, la Argentina comenzaba a dar señales de haber tomado el camino correcto.

Los trabajos de infraestructura en rutas, la creciente conectividad de internet, la integración al mundo en materia de cargas, la modernización del agro, la lucha contra el narcotráfico -hoy responsable principal del crecimiento de la marginalidad que somete a los pueblos en vías de desarrollo a la pobreza y la exclusión- los tratados internacionales y el crecimiento del MERCOSUR como bloque regional, la apertura de los mercados que triplicó el número de naciones con las que nuestro país mantiene relaciones comerciales, son apenas algunos de los ejemplos de la ruta a seguir para intentar lentamente la vuelta de un círculo virtuoso que abandonamos hace muchas décadas.

Sin embargo el mismo gobierno que inició la escalada cometió el criminal error de olvidar que una nación está por sobre todas las cosas constituída por la gente que la habita y que no hay desarrollo posible sin la promoción del ser humano como centro y destino de cualquier estrategia.

Mauricio Macri y su gobierno son por estas horas el ejemplo de ello y a la vez víctimas directas de su imperdonable equivocación.

¿Podía creer el presidente que millones de argentinos hambreados, desesperados por la constante caída de su calidad de vida, privados de lo mínimo e indispensable para vivir, jaqueados por una inflación que corroe día a día sus ingresos y angustiados por el notorio abandono del estado iban a seguir acompañando un proyecto que esgrime obras y expele personas?, ¿nadie fue capaz de explicarle al presidente que sin las personas cualquier proyecto se convierte en una entelequia?.

¿O simplemente su formación y orígen personal le impidieron ver lo que ocurría en sus propias narices?.

No podemos juzgar a ese alto porcentaje de nuestra sociedad que, aún conociendo el precio pagado por años de mentiras y corrupción, hastiado de un asistencialismo que solo tiene como objetivo mantener a una tercera parte de sus integrantes por debajo de la línea de pobreza para poder manejarlos como a un rebaño convertido en clientela electoral y al que no se le supo ofrecer desde 2015 un horizonte de salida hacia la dignidad, haya resuelto buscar una vez más el cobijo de aquellos que le ofrecen tan solo la seguridad de la subsistencia. Mínima en calidad pero subsistencia al fin.

Ni tampoco a una clase media a la que se pretende convencer que el consumo es un pecado, que ya no tiene derecho a calefaccionarse, que el automóvil es un objeto de lujo o que mandar a sus hijos a un buen colegio o vacacionar es parte de un pecado original que debe ser expiado por vía de la estrechez.

Macri y su gobierno cometieron todos los vicios de la tecnocracia…pero también de la estupidez.

El desarrollo de un plan para recuperar el transporte de cargas por medio de ferrocarriles -hoy una constante estratégica del mundo desarrollado- y así asestar un golpe mortal al monopolio camionero que encarece toda la logística del comercio nacional e internacional, o la construcción de rutas y puentes que nos integran con la región, con especial acento en el nudo que nos orienta hacia el área del Pacífico que hoy marca el paso de la actividad y el crecimiento, de nada sirven cuando transitan por territorios poblados de hambrientos, desocupados y desesperados. ¿Es tan difícil de comprender?.

Y una vez más tendremos que optar entre la barriga y la patria. Y es sabido que frente a la grandeza de la nación y la urgencia de las necesidades básicas…el sentido de subsistencia nos empuja a elegir por estas.

Tan imperdonable como inevitable…