INEFICIENCIA

Difícil será encontrar en la historia de la ciudad una gestión con un grado de ineficiencia tan alto como la actual. No es que las cosas se hagan mal; no se hacen. Todo es improvisación y delirio.

Los semáforos no andan, la basura se acumula sin tratamiento, el estado de las calles es lamentable, los edificios públicos presentan un grado de deterioro que avergüenza, las finanzas públicas estallan en desmanejo y deuda, los funcionarios acumulan papelones, declaraciones desgraciadas, justificaciones infantiles; piqueteros y marginales se adueñan de las calles y convierten en invivible el centro de la ciudad, se acumulan hectolitros de agua ante la primera lluvia, comienzan a proliferar los roedores ante la suciedad urbana, la industria de la construcción se cae a pedazos ante la voracidad del municipio, mientras en el resto del país se convierte en un boom, la falta de una política de poda convierte al arbolado de la ciudad en un peligro latente con la caída de añosos ejemplares con mayor asiduidad cada vez, los trámites burocráticos multiplican hasta el infinito su duración pese a una planta de personal que sigue creciendo sin control alguno….y todo en medio de justificaciones, reproches, insinuaciones y constantes alusiones a “la herencia recibida”.

La administración de Carlos Fernando Arroyo no hace las cosas mal; sencillamente no las hace.

Se justifica, intenta reinventarse cada día, cambia de funcionarios por hora, se entrega a las mieles de una autoestima que alimenta con afirmaciones tales como “somos la mejor gestión de la historia”, “hacemos más obra pública que cualquier otra gestión antes de la nuestra”, y otros embates onanistas por el estilo.

Pero no hacen nada…no hicieron nada en dos años y seguramente tampoco lo harán en el tiempo que queda. Solo apostarán a que desde la provincia o la nación acerquen algunas obras junto a las que los funcionarios locales puedan “robar” alguna foto.

Alguien dijo alguna vez que la ineficiencia también es corrupción. Y no se equivocaba….