INFLEXIÓN

Crece el mal humor social y la desconfianza de la gente en la capacidad del gobierno para sacar adelante un momento delicado. La inflación, las tarifas y las declaraciones insólitas hartan a todos.

Por momentos puede pensarse que al gobierno de Mauricio Macri poco y nada le importa la gente y que su parámetro de acción se agota en los fríos números de la estadísticas.

Pero a poco de andar se toma nota de que esos números siguen siendo tan malos que, dos años y medio después de la asunción del presidente, ya son inaceptables. La inflación desbocada, la desocupación en niveles tan impactantes como en el peor momento, la inversión ausente y los datos mortificantes de una pobreza estructural a la que ahora se suma el abandono del precario sostén del gobierno, son imágenes demasiado potentes como para taparlas con discursos o falsos axiomas publicitarios.

Mal la educación, implosionada la salud, instalada la inseguridad como un cáncer en estado terminal que nos afecta a todos y, lo que es peor, la convicción de que tantos casos de corrupción que estallan día a día ya no pueden ser atribuidos a “distracciones” o desconocimientos.

La corrida del dólar de la última semana vuelve a convertirse, como tantas veces en el pasado, en un inquietante punto de inflexión cuyo límite solo percibiremos cuando reabran los mercados y se instale, o no, la vieja tendencia nacional de “desensillar hasta que aclare” al amparo de la verde divisa.

De nada servirán los consejos marketineros de Durán Barba o las jugadas de corto aliento tendientes a dividir a la oposición. Cada factura de gas, agua o luz que llegue a un hogar argentino será una cachetada en la cara de los cerebros del oficialismo, lanzados a maniobras de corto andar y de una frivolidad propia de quien nunca pasó privaciones.

Mucho deberá reflexionar Macri en su insólito “descanso” de fin de semana largo. Está conduciendo el barco hacia el iceberg, repitiendo los mismos errores de manejo de aquellos antecesores que desde Balcarce 50 chocaron a la Argentina.

Es verdad que como a aquellos al presidente lo acecha un peronismo especialista en nadar en remolinos que él mismo genera. Pero no es lógico protegerse en algo que todos sabían desde el principio de esta historia que iba a ocurrir.

Entonces concluimos que el diagnóstico, más allá de lo ideológico, es el de mala praxis. Si Macri es perverso, la torpeza con la que intenta imponer su perversión lo acerca más a la estupidez que a la maldad. Y el tiempo y la paciencia de la gente comienzan a crujir demasiado fuerte como para que en su entorno no se den cuenta.

Cuidado...la historia indica que fueron muy pocos los líderes que en la Argentina supieron manejar puntos de inflexión. Y estamos en uno de ellos.

Tal vez el más grave e inestable…