INFORME EXCLUSIVO: Así vive Maduro sus últimos días en el poder

Corresponsal especial en CaracasEl dictador caribeño está encerrado en Fuerte Tiuna rodeado de mercenarios cubanos y en una situación que por momentos parece la de una prisión. 

(Especial para LIBRE EXPRESIÒN) – El dictador caribeño está encerrado en Fuerte Tiuna, el enorme complejo militar ubicado en Caracas, rodeado de mercenarios cubanos y en una situación que por momentos parece la de un prisionero. Ni sus más cercanos colaboradores pueden acercarse al presidente sin la anuencia de ese anillo de seguridad monitoreado desde La Habana por Raúl Castro.

Hoy en la capital cubana se votará el plebiscito para cambiar la Constitución, un largo anhelo de Castro que no parece entusiasmar demasiado a la población. Y el anciano general teme que una caída de Maduro en manos de una pueblada podría ser una señal peligrosa para quienes en la isla creen que ha llegado el momento de enfrentar a un régimen que ya lleva seis décadas en el poder y que parece querer continuar allí.

Así las cosas, es probable que pasado este domingo electoral en Cuba la suerte de Maduro quede sellada. Abandonado por Putín -de sus primeras amenazas de intervención militar en ayuda del dictador caribeño pasó a un silencio absoluto que sin embargo aparece estruendoso- solo una vía de escape parece quedarle: la salida de Caracas con destino a La Habana y un exilio de tiempo indefinido y de costo muy elevado.

Es sabido que los Castro cobijan desde siempre a sus «socios» por el mundo…pero cobran muy caro el alojamiento. Sería bueno preguntas sobre eso a Mario Firmenich y la cúpula montonera, protegidos en los momentos más tensos en la isla pero a cambio del dinero obtenido por el secuestro de los hermanos Born.

Claro que muchos de los compañeros de ruta de Nicolás Maduro en estos años de endurecimiento y violencia no están tranquilos por estas horas. La cúpula militar, hoy dividida entre quienes sostienen una dura postura de resistencia y quienes comienzan a mirar con buenos ojos la propuesta de Juan Guaidó acerca de beneficiarlos con una amnistía, no está dispuesta a aceptar una salida que solo ponga a resguardo al presidente y a alguno de los principales jerarcas del régimen.

El presidente interino se reunirá mañana con el vicepresidente norteamericano Mike Pence, pocas horas después de afirmar que «debemos tener abiertas todas las opciones para lograr la liberación de esta Patria que lucha y seguirá luchando». Nuestras fuentes sostienen que lleva una propuesta de los mandos militares venezolanos para garantizar una rápida salida a cambio de impunidad judicial.

Ello abarcaría a unos pocos generales y la totalidad de mandos intermedios y menores. Solo quedarían fuera del acuerdo los jerarcas más comprometidos con situaciones de delito que son los pocos que por ahora mantienen la intrensigencia frente a cualquier negociación.

Entre los duros la figura de Diosdado Cabello, a quienes muchos señalan como el gran responsable de los excesos cometidos y uno de los más favorecidos por una corrupción desenfrenada que sirvió para sacar ilegalmente de Venezuela miles de millones de dólares que engrosaron las cuentas personales de funcionarios civiles y militares, es hoy la que despierta mayor desconfianza. Para algunos solo especula con el tiempo mientras negocia con Estados Unidos su situación personal y para los propios representa el riesgo de ser el único chivo emisario que la alianza internacional anti Maduro vaya a utilizar como escarmiento tras la caída.

Lo cierto es que el todopoderoso militar está hoy aislado y con serias dificultades para acercarse al asediado mandatario. Y ese es un dato demasiado pesado como para ser soslayado…

JuanGuaidó también comienza a ser corrido por el tiempo: su afirmación acerca de que la ayuda humanitaria ingresaría a Venezuela «si o si» terminó, por lo que fuese, en un fiasco y un callejón sin salida». Descontaba un quiebre en la posición de militares e integrantes de la Guardia Nacional Bolivariana y ello no ocurrió. Tal vez no supo medir los tiempos o no fue informado adecuadamente de las negociaciones en marcha. Ahora tiene la oportunidad, en su encuentro con Pence, de convertirse en un verdadero emisario del poder real de Venezuela.

La mira de los servicios de inteligencia colombianos y brasileros está puesta en las fronteras entre ambos países. Temen que la decisión de Maduro en lo que se refiere al cierre de las mismas esconda la intención de algunos jerarcas de aprovechar el paso aluvional de venezolanos para escapar del país sin ser detectados. Y creen, en el mismo sentido que la inteligencia norteamericana, que el cierre del espacio aéreo facilitaría la detención de cualquier aeronave que intentara sacar del país personas o bienes. Incluido el presidente, sus más cercanos colaboradores, sus familias y sus bienes.

Uno de los pocos funcionarios que hoy pueden acercarse al bunker del dictador le comentaba a este enviado especial que Maduro sabe que la decisión de Donald Trump es no permitirle llegar a La Habana. El jefe de la Casa Blanca quiere que el dictador repita la historia de Manuel Noriega, el autócrata panameño que terminó habitando por más de dos décadas una prisión norteamericana.

Sus asesores de seguridad insisten en recordar que siguen vigentes las normas y estrategias que el país ha utilizado históricamente en casos similares. Al caso de Noriega puede agregarse lo ocurrido con Muamar Kadaffi y con Sadam Husein. Y mucho pesa en los militares venezolanos aquella parte del discurso de George W. Bush cuando resolvió la invasión a Irak que su padre había iniciado años antes: «Y todo el personal civil y militar debería escuchar  cuidadosamente esta advertencia. En cualquier conflicto, su destino dependerá de su acción. No destruyan pozos de petróleo, una fuente de riqueza que pertenece al pueblo. No obedezcan ninguna orden de usar armas contra nadie, incluido ese pueblo. Los crímenes de guerra serán juzgados. Los criminales de guerra serán castigados. Y no servirá de defensa alegar: “Yo obedecía órdenes”. ¿Hace falta agregar algo?

Y el temor del delfín de Hugo Chávez es que en su alrededor esté creciendo la convicción de que su desaparición física puede allanar el camino a negociaciones con menores daños colaterales a quienes lo han secundado en su sangrienta aventura. Una salida que por cierto no sería la primera en su tipo en conflictos similares en el pasado…

Maduro está solo y rodeado. En Cuba ya evalúan costos y beneficios de brindarle un lugar de escape, Rusia no parece querer complicar su incipiente aislamiento por una lejana posición estratégica que prácticamente la sumiría en una nueva Guerra Fría o tal vez en algo más grave, las Fuerzas Armadas Bolivarianas debaten si tiene sentido seguir adelante con este proceso claramente perdido o ha llegado la hora de negociar una salida y EEUU quiere terminar cuanto antes con la tensión y poner sus manos sobre el dictador para así tapar sus propias responsabilidades en estos años en los que canjeó silencio por petróleo.

Allá en Fuerte Tiuna un hombre solo, asustado y conciente de su debilidad espera y desespera aguardando que propios y ajenos decidan su futuro. Y sabe que ello ocurrirá en pocas horas y con oscuros augurios sobre su persona.

El final clásico de los dictadores.