Fué tan claro que solo el que no quiera ver la realidad puede ignorarlo: al enumerar las obras hídricas que su gobierno hizo en la provincia, la Presidente puso en evidencia lo que no hizo Scioli.
Pareció un apoyo, pero no lo era. Como tampoco lo fue la ominosa bandera de la Cámpora que en uno de los patios internos de la Casa de Gobierno rezaba «Zannini para la Victoria», ignorando por completo al candidato a presidente.
La Presidenta hizo una encendida defensa de las inversiones realizadas por el kirchnerismo para obras hídricas desde 2003. «Fueron 122 mil millones de pesos y en la provincia de Buenos Aires se utilizaron 60 mil millones, casi la mitad», dijo, recordando con ello que fue la nación la que tuvo que concurrir en ayuda de un distrito cuyo gobernante prefirió reasignar los fondos específicos a otras áreas «fundamentales» como la publicidad.
Habló también de campañas mediática en su contra y en la de Aníbal Fernández, aclarando que no las había en contra de Daniel Scioli.
En lo que pareció una alusión directa a María Eugenia Vidal, que se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para el kirchnerismo, sostuvo:»por favor, la obscenidad de ponerse o disfrazarse de día de lluvia e ir al barrio a juntarse con los pobres no, porque eso es obsceno», olvidando su propia imagen vestida con botas de lluvia para visitar la localidad de Tolosa -en la que vivía su madre- en las inundaciones de 2013.
Y para coronar una larga y tediosa aparición pública concluyó: “Como si necesitará hablar para gobernar, aunque no hable uno gobierna exactamente igual», aseguró la mandataria durante la cadena nacional número 32 en lo que va de 2015.
Una Cristina en estado puro.




