Jean Pierre Noher define la inmigración con una frase de su abuela: «El mundo se argentiniza»

El actor franco-argentino evocó aquello que decía su abuela en francés y que cobra aún más sentido en esta época de migración permanente. Aunque recorrió el mundo y trabajó en distintos países, sigue eligiendo Argentina para vivir.

El lugar en el mundo que le dio una oportunidad a sus padres inmigrantes franceses que huyeron del nazismo.

Entusiasmado por haber llegado a Mar del Plata para participar del Festival Internacional de Cine como protagonista de la película «El empleado y el patrón», dirigida por el uruguayo Manolo Nieto, el internacional Jean Pierre Noher habló en «Un Lugar en el Mundo» sobre la historia de su familia migrante que lo trajo a Buenos Aires desde Francia. 

En una interesante charla con la periodista Florencia Cordero en Radio Brisas, el reconocido actor hizo alusión a esa magia que la «ciudad feliz» tiene en su relación con el cine: «Mar del Plata siempre será bella, amable y necesaria para uno, sobre todo después de tanto encierro. Me vine feliz manejando por la ruta ilusionado con pisar el mar y fue lo primero que hice».

En ese sentido, remarcó: «Venir a este Festival siempre será muy especial y glamoroso porque arquitectónicamente es perfecto para un Festival de Cine. Este año me perdí de ir al de Cannes. Estaba invitado con esta película y por los protocolos no pude ir, pero para mí venir al Festival de Mar del Plata siempre fue como ir al Festival de Cannes. Cuando empecé a trabajar como actor era mi ilusión y acá se vive eso porque Mar del Plata tiene un halo cinematográfico. Muchísimos años de grandes luminarias que han dejado su halo, algo que a mí me encanta y una de las razones por las que soy actor».

En la trama de su historia familiar, resultó ineludible la mención a su tío abuelo Max Ophüls, famoso cineasta de profusa trayectoria en Europa. Al respecto, afirmó: «Quizás es desconocido acá en este momento pero en los años 50 era un enorme director franco-alemán que triunfó también en Hollywood. Es esa descendencia dentro de la familia como artistas que continúa conmigo y a través de mi hijo también».

Pero el inicio de su propia historia como francés en Argentina tomó el centro de la escena en una conversación para reflexionar sobre las sensaciones de los inmigrantes que se repiten en distintas épocas a lo largo de los años y que se unen a través de un hilo familiar imaginario.

-¿Cuándo llegaste a Argentina?

-Llegamos con mi padres a mis tres años en el barco Louis Lumiere que atravesó todo el océano. Llegamos con mi hermana a un país donde mi papá no sabía una sola palabra de castellano, mi madre sí porque en su adolescencia estuvo acá huyendo del nazismo. Y esa es la razón por la que elegimos Argentina. Soy francés de nacimiento y de cultura porque tengo toda una educación francesa y se hablaba francés en mi casa, pero soy argentino de corazón y me naturalicé hace nueve años. Tengo la doble nacionalidad y no tengo ninguna contradicción al respecto. Amo mi país por elección, me encanta viajar y he viajado mucho por el mundo y yo sigo eligiendo mi patria, que es la Argentina.

-¿Cómo pensás que fue la adaptación de tus padres a la Buenos Aires de aquellos años?

-Mi padre era el que más desconocía. De la nada y de esa pulsión de vida porque huyó a los 13 años de un campo de concentración. Mis abuelos murieron en Auschwitz. Yo no los conocí. Entró de cadete en una fábrica de impermeables y terminó de presidente de esa empresa. Con los años eso podía suceder en Argentina. Le gustaba mucho el fútbol y decía que se iba a hacer hincha del primer equipo que saliera campeón y ese año salió River. Después fuimos a la cancha durante los 18 años que River no salía campeón. Y cuando por fin sale campeón mi padre ya era vicepresidente del club. Para mí es un superhéroe que pudo vencer su destino y la Argentina siempre fue un país muy amable con los inmigrantes. Como dice la canción de Lito Nebbia, de alguna forma bajamos de los barcos. Porque de los barcos bajaba gente con mucho espíritu de aventura, pero también con mucha tesón y con  mucha pasión y con mucho esfuerzo. Pudieron hacerse su capital, comprarse su casa, nos dieron una cultura, nos cuidaron. Para mí fue un héroe mi viejo en ese aspecto. Y mi madre también, estaba ahí apuntalando.

-¿Ella fue y volvió?

-Ella huyó del nazismo, vino con mi tía y su mamá en barco. Mi abuela tenía miedo del nazismo y se separó de mi abuelo que no estaba de acuerdo y se quedó en París. Tenían visa para ir a Chile y ella tuvo que seducir al capitán del barco -según el cuento familiar- para que la dejaran llegar a Argentina porque quería venir a Buenos Aires. Y así fue que bajamos en el Puerto de Buenos Aires.

-¿Cuándo te diste cuenta de que tu característica como actor iba a trascender la Argentina?

-Empezó a pasar con «Un amor de Borges», una película que acá no tuvo tanta trascendencia pero ganó premios en todos los festivales que fue. En Brasil me abrió un mercado increíble y eso fue lo primero. Sobre todo la posibilidad de los idiomas. Esa cosa políglota te da más oportunidades. Y un poco de caradurismo, talento, carisma y de mucho estudio y mucho esfuerzo. Hacer paso a paso, bolo por bolo. Papeles secundarios y protagónicos. Y así uno se va haciendo camino en esto y ojalá que siga.

-¿Qué le decís a los argentinos que están en el exterior viviendo su experiencia de inmigrante de acuerdo a tu mirada global como ciudadano del mundo?

-Tengo un espíritu completamente universal, me parece que si se quieren ir, que se vayan. Yo amo este país pero cada uno tiene que encontrar su lugar en el mundo. Hoy es todo absolutamente universal. En dos minutos podés hablar con alguien que está en Japón, en Rumania o en Croacia. Hoy somos todos ciudadanos del mundo. Mi abuela decía en francés una frase que era «El mundo se argentiza». Con eso te digo todo.

Escuchá la nota con Jean Pierre Noher en diálogo con Florencia Cordero