Jovana Mandic, la croata de Peñarol y su particular historia

En la primera edición de la Liga Nacional Femenina de Básquet, se destaca en Peñarol una de sus extranjeras. La potente jugadora europea se lleva gratas sensaciones tras jugar en Mar del Plata.

Mandic nació en Croacia en 1992, en pleno proceso bélico de disolución de Yugoslavia. Fueron momentos tensos y peligrosos, de los que quien promedió 10.5 puntos y 8 rebotes en 10 partidos, no tiene muchos recuerdos. “Cuando declaró la independencia de Yugoslavia, Croacia quería ´limpiar´ su país de serbios y nos tuvimos que ir exiliados. Primero a Serbia y luego a Bosnia y ahí nos quedamos. En Bosnia crecí y tengo la doble nacionalidad”, contó la hija de Mileva y Branko y hermana de Maja, que en los últimos cinco cotejos en Peñarol creció como el equipo cerró con 14.8 unidades y 8.5 recobres de media.

– ¿Qué recordás de tus primeros años de vida en medio del conflicto?

– Pocas cosas. Por ejemplo, que estábamos en el jardín de infantes y como afuera había bombardeos nos teníamos que refugiar en el subsuelo. Recuerdo sonidos de sirenas y que se había cortado toda la electricidad y entonces mi mamá cocinaba con una vela. Tampoco había gas. También me acuerdo de viajar mucho en el auto con dos valijas, que era lo único que teníamos.

– ¿Por dónde anduvieron?

– Cuando la guerra empezó nos movimos dentro de Croacia, después se puso feo y nos fuimos a Bosnia e hicimos lo mismo, vivimos en varias ciudades. Luego a Serbia y finalmente volvimos a Croacia. Mi papá consiguió un trabajo en Bosnia pero nosotros nos quedamos con mi mamá y él iba y venía cada 15 días. Después, cuando se calmó todo nos fuimos a Bosnia. Desde 1998 vivimos ahí.

– ¿Perdiste algunos familiares en la guerra?

– Mis padres están bien, pero algunos familiares que eran más grandes no pudieron escapar y entonces fueron ejecutados. Me considero una privilegiada o afortunada porque fui a la escuela con chicos que no tenían padres, o era muy raro que tuvieran a los dos y yo los tuve. El hombre estaba obligado a ser militar y pelear. Mi papá estuvo en la guerra pero sobrevivió. Lo que sí perdimos es muchos amigos y sobre todo contacto con mucha otra gente que recién ahora estamos volviendo a conectar por Facebook.

– ¿Tuviste miedo?

– No, pero creo que es porque era muy chica, entonces no tomaba conciencia. Y además mis padres fueron muy protectores.

– ¿Cuándo arrancaste en el básquet?

– Empecé a los 15 en Bosnia, un poco tarde. Creo que porque cuando era chica nos mudábamos muy seguido. Estábamos unos meses en cada lugar, vivimos en seis ciudades y en tres países. Hice muchas actividades en la escuela como arte y otros deportes. Todo el mundo me preguntaba por qué no jugaba al básquet si era tan alta. Eso no me gustaba. Pero un día fui a ver a una amiga que jugaba y el entrenador me invitó.

– ¿En tu familia hay muchas personas altas?

– Del lado de mi mamá son altos pero normales. Mi papá, en cambio, mide dos metros y en su familia son todos altos así que creo que heredé mi físico por ese lado.

– ¿Cómo continuó tu recorrido en el básquet hasta llegar al profesionalismo?

– Jugaba en las categorías menores, nos enfrentamos con un equipo de Croacia y los entrenadores me invitaron a jugar con ellos hasta que cumpliera 18 y me hiciera profesional. Fui pero jugué solo un año porque yo quería estudiar y en ese lugar no estaba la carrera que quería, que era relaciones públicas. En ese momento integré una Selección U18 y conseguí una oportunidad de ir a Estados Unidos. El último año de la Secundaria lo hice allá, en Florida. Fui a probar, porque a mis padres mucho la idea no les gustaba. Yo era muy chica, había mucha distancia y no hablaba muy bien inglés. No sabía si me iba a poder adaptar. Finalmente lo logré y pude mostrarme para que me tuvieran en cuenta varias universidades. Obtuve una beca para estudiar en North Carolina. Jugué ahí dos años, el entrenador se fue, el equipo se desarmó y me pasé a Louisiana donde finalicé mi carrera.

– ¿Cómo llegaste a Peñarol?

– Finalicé la universidad en mayo del año pasado y decidí ser profesional y volver a jugar en Europa para estar más cerca de mi familia. Conseguí un representante, entrené todo el verano muy fuerte y fui a la Segunda División en España. Al principio me costó adaptarme pero al final de la temporada mejoré. Desde ese momento hasta que empiece la siguiente temporada hay cinco meses, entonces consulté con mi agente y me dijo que había una Liga nueva en Argentina y que era un nivel más alto que el de España. Quise probar, me pusieron en el draft y me eligió Peñarol.

– ¿Es más difícil jugar acá?

Acá se juega más rápido y más físico. Acá te empujan bastante (risas). Además muchos equipos tienen jugadoras de Selección y por eso es un nivel mejor que el que jugué en España.

– Más allá de no haber conseguido triunfos y de que casi todos los rivales fueron muy superiores. ¿Te gustó estar en Peñarol?

– Sí. No conocí a nadie que me haya caído mal. Me enoja no haber ganado, pero me sentí bienvenida y todos me trataron bien. Todos fueron muy positivos en el equipo y trataron de salir adelante. Los entrenadores trabajaron mucho mirando videos y viendo cómo podíamos mejorar entrenando. Nuestro equipo es talentoso como el resto, pero los otros tienen mucho más tiempo jugando juntos. Tienen más experiencia.

– ¿No ganaron pero sí mejoraron?

– Mejoramos desde el primer partido hasta el último y lo podríamos seguir haciendo si la temporada hubiera sido más larga. Otra cosa que analizo es que Peñarol no tiene competencia fuerte, juega contra rivales inferiores, por ejemplo en el Torneo Federal o en las ciudades cercanas. Y en la Liga no se puede jugar de la misma forma, porque los rivales defienden mejor y atacan mejor. Eso no funciona así. Hay que entrenar mejor y comunicarse mejor, pasarse más la pelota. No se puede atacar una contra tres. En muchos de los otros equipos, la mayoría de las chicas es rentada y en Peñarol es al revés. Kama (Griffitts) y yo estábamos 100% disponibles para entrenar todo el tiempo pero el resto no podía porque debía cumplir con sus estudios y sus trabajos. Ese es uno de los motivos por los cuales el equipo tardó más en crecer que el resto.

– ¿Qué cosas lindas te llevás?

– Nuevas amistades, una mejora en mi español (risas) y la experiencia de vivir muy lejos de mi casa. Nunca había estado tan lejos y no conocía Sudamérica. También probé comidas muy ricas y creo que, en cuanto al juego, me voy siendo una mejor jugadora. Defendí rivales que estuvieron en mejores Ligas, creo que tuve que correr mucho más y que por eso obtuve más velocidad. Me voy muy bien preparada para lo que sigue.

Fuente: Prensa Peñarol