La verdad: el homenaje que merece el ARA San Juan y se le niega

Por Adrián FreijoEl naufragio del submarino argentino reconoce responsabilidades que alcanzan a los gobiernos kirchneristas y macrista que hoy le rinden homenaje. Desmemoria y vergüenza.

Indigna observar el homenaje a las víctimas del hundimiento del submarino ARA San Juan y encontrar entre los que lo organizan a quienes fueron en parte, por acción u omisión, de aquella tragedia que enlutó a los argentinos.

Indigna ver como se utiliza el sentimiento de toda una nación y el dolor de los familiares de los tripulantes para disfrazar entre lágrimas y gestos adustos aquellas culpas que la justicia nunca castigará y la sociedad parece haber olvidado o, lo que es más triste, incorporado al siniestro mundo de la grieta en el que cualquier cosa es válida para poner en «el otro» la culpa de lo lo mucho de malo que nos pasa como país y como sociedad.

E indigna mucho más la falta de memoria que ya se convierte en falta de vergüenza…

Aunque algunos insistamos en recordar y tratemos de que cada argentino se encuentre con una verdad ante sus ojos que, por su propio peso, no le permita hacerse el distraído.

Y la verdad es esta:

El ARA San Juan debía entrar cada 18 meses a dique seco, para una revisión general, y en el momento del naufragio -noviembre de 2017- llevaba 44 meses sin hacerlo. Eso lo limitaba para navegar a más de 100 metros de profundidad, de acuerdo con un informe de la Armada de diciembre de 2016. El ARA San Juan se hundió 11 meses después, a más de 900 metros bajo el agua.

El dictamen aprobado por ocho legisladores de la oposición -los cuatro oficialistas votaron en disidencia- cita el informe elaborado en diciembre de 2016 por el entonces inspector general de la Armada, contralmirante Guillermo Luis Lezana, que desnuda varias deficiencias en el equipamiento operativo del submarino. Allí se sostiene que «la prórroga del ingreso a dique seco programado para la unidad dificultaba el alistamiento del buque» y se establecía «de manera precautoria una limitación de 100 metros de profundidad en navegación».

Entre otras advertencias, se describe que el nuevo sistema de medición de concentración de hidrógeno en la nave, que había sido colocado en la reparación de media vida que el gobierno kirchnerista concluyó en 2014, se encontraba «fuera de servicio por falta de calibración y reactivo».

La reparación de media vida demandó ocho años, entre 2007 y 2015 (gestiones de Nilda Garré, Arturo Puricelli y Agustín Rossi) e intervinieron más de 600 personas. Implicó la renovación total del sistema de propulsión y cambio de baterías, entre otros trabajos.

Y fue justamente el actual ministro de Defensa quien pusiera en operaciones al ARA San Juan en octubre de 2015 en condiciones que el informe operado por la comisión bicameral que investiga el siniestro deja absolutamente en claro: «la falta de recursos presupuestarios a lo largo de las distintas administraciones, la ausencia de actualización tecnológica y un nivel mínimo de mantenimiento en función de las horas de uso produjeron un creciente deterioro del material, limitando sus condiciones operativas».

Y no solo faltaron fondos para poner en condiciones la nave; tampoco los hubo para capacitar y actualizar los conocimientos de la tripulación. El mismo informe sostiene que «la falta de actividad limitó la transmisión de la experiencia necesaria».

Si hasta los legisladores del macrismo que participaron de la bicameral debieron firmar que «se ha interrumpido el traspaso de conocimiento, como bien indica el informe, aumentando así el riesgo de accidentes, considerando que se operan equipos que encierran en sí mismos peligros».

Como conclusión debemos recordar que el submarino no tenía el mantenimiento necesario, que sin embargo el gobierno kirchnerista aprobó -con la firma del actual ministro de Defensa Agustín Rossi que sin embargo hoy aparece encabezando el emotivo acto por las víctimas de la desidia- una revisión de media vida tardía e insuficiente y que la administración de Mauricio Macri no realizó el mantenimiento mínimo de la nave y autorizó su navegación sin que las mínimas condiciones de seguridad estuviesen garantizadas.

Cuando el ARA San Juan encontró su final, y el de sus 44 tripulantes, en las frías aguas del Atlántico Sur eran muchas las responsabilidades que podían encontrarse detrás de su drama. Y los protagonistas de aquella desmesura están hoy rindiendo homenaje a quienes tenían la obligación de cuidar y dejaron librados a su suerte mientras utilizaban los fondos necesarios para garantizar sus vidas en las habituales maniobras politiqueras con las que pugnan por quedarse eternamente en el poder.

Cosas de una Argentina acostumbrada a la impostura, la desmemoria…y el siga, siga.