Kicillof y un diagnóstico plagado de verdades a medias

RedacciónEl gobernador Axel Kicillof volvió a dejar la imagen de alguien que solo puede insinuar y amenazar, pero no actuar. La sensación es que en materia de prevención estamos a la deriva.

Desde hace meses el gobierno provincial navega entre trascendidos de alto voltaje y realidades de bajo cuño. «Vamos a cerrar todo» deja caer un funcionario ante el crecimiento de los contagios; «nunca pensamos en ir para atrás y le pedimos a la gente cuidado y responsabilidad» suele ser lo que al fin se comunica, frente a la presión de los intendentes -desesperados por la recaudación que cae, la economía que se contrae y la situación social que se desmadra- de los comerciantes y de quienes necesitan volver cuanto antes a la normalidad.

Pero ocurre que esa normalidad parece hoy lejana en el horizonte..

Con un crecimiento constante y geométrico de los contagios y con una política vacunatoria errática, lenta e insuficiente, todo indica que el rebrote, o la segunda ola como muchos prefieren llamarla, está entre nosotros y amenaza con datos que harán empalidecer los conocidos hasta ahora.

Y se equivoca aquel que pretenda esconder la tierra debajo de la alfombra y desconocer los excesos que nos depositan diariamente en esta dura realidad. Ya no se trata de echar culpas al voleo o seguir pretendiendo que algún tema o caso puntual concentra toda la responsabilidad del avance de la pandemia.

Mucha desprolijidad civil, malos controles, falta de definiciones y sanciones acordes al despropósito de jugar con la salud pública y la siempre presente rémora del internismo político, la demagogia, la corrupción -que cuando estalle en lo referido al negocio de las vacunas y el sistema de salud dejará una estela tan luminosa que opacará todo lo conocido en la materia hasta el momento- suponen un cóctel que nos acerca al abismo y que no puede esconderse tras las largas peroratas de un gobernador experto en teorías pero de una carencia sorprendente en el campo de las realidades de todo tipo.

“Se llegó con los intendentes a una serie de consensos que implican ampliar el sistema sanitario y desarrollar protocolos específicos, lanzar la aplicación Cuidar Verano para dar permisos de circulación específico y regular ingresos y salidas turísticos” recordó Kicillof sin siquiera plantearse porque ninguna de esas cuestiones y medidas pudieron luego implementarse con algún éxito. Un claro ejemplo de su tendencia a lo abstracto aún cuando los hechos hablen por si solos…

Y como siempre, concluyó que si siguen creciendo los contagios de coronavirus en la provincia de Buenos Aires “va a haber que aplicar más restricciones tanto colectivas como individuales”. La eterna amenaza que pretende funcionar como la zanahoria delante del burro y que la gente ya percibe como la ecuación invertida.

Párrafo aparte para una afirmación que pone en evidencia la intención de quedar bien con Dios y con el diablo: Kicillof aclaró que “en su gran mayoría se están cumpliendo los protocolos” y que “la enorme mayoría está cumpliendo las reglas, particularmente los jóvenes”.

Y ello no es lo que se observa, al menos aquí en Mar del Plata, con la proliferación de las fiestas clandestinas, los amontonamientos en bares, plazas y paseos y todo tipo de manifestaciones multitudinarias que tienen a los más jóvenes como protagonistas. No se trata de estigmatizar, pero tampoco de mirar para otro lado y no entender que frente a la cuestión sanitaria es válido intentar el camino de la convicción pero, agotado este, es función del estado transitar el de la sanción, con toda la firmeza que sea menester y siempre dentro del marco de la ley.

El gobernador ratificó que “se quiere mantener (la temporada de verano) porque es empleo y producción para la economía, y esparcimiento para los argentinos. Pero no dudaremos en tomar las medidas que sean necesarias si crecen los contagios».

Y fue el propio Ministro de Salud Daniel Gollan quien aseguró que la cantidad de contagios en la provincia “está creciendo mucho más rápido que lo que creció en la primera oleada”, y agregó que “comienza a asemejarse en el conjunto de la provincia lo que está sucediendo en cuanto a cantidad de casos y mortalidad”.

“El interior está avanzando mucho en cantidad de casos: toda la provincia y el AMBA avanza mucho, pero el interior bonaerense avanza mucho más”, aclaró.

Un cuadro de situación suficientemente grave como para esperar que se terminen los «vamos a…» y comiencen las respuestas concretas que sirvan para controlar una situación a cuya gravedad hay que agregar ahora que el sistema de salud parece comenzar a carecer de las armas necesarias para enfrentarla.

Otra cuestión en la que el voluntarismo y la compulsión por los grandes anuncios parecen ir ganándole a la realidad…