LA ARGENTINA ES UN CABARET CON SUS «ESTRELLAS» VACUNADAS

Aquella frase que definió a un club de fútbol termina convirtiéndose en la más clara definición de lo que ocurre en un país sumido en la eterna lucha política, las operaciones, las miserias y la deslealtad.

El bochornoso incidente en torno al tema del «vacunatorio vip» que funcionaba en el Ministerio de Salud de la Nación y que se llevó puesto a su titular Ginés González García tiene una explicación sencilla y contundente que no requiere demasiadas interpretaciones: la interna política en el gobierno nacional ha llegado a su punto culminante y ahora se trata de definir quien se queda con el poder total, ese que surge de la síntesis del formal y el real.

Como en el derecho civil, existe la figura de la propiedad. Pero a veces quien ejerce el «usufructo» (goce de los bienes) no posee la «nuda propiedad» (ser titular del mismo). Y eso, cuando del poder hablamos, nunca fue posible de implementar sin generar conflictos posteriores.

Todos sabemos que en la Argentina Cristina es la dueña del poder y Alberto luce los atributos que lo representan. Pero solo eso…una representación.

En los últimos meses el presidente, débil y sin convicciones, se ha visto tironeado entre su «cultura del operador porteño» que lo formó en la necesidad de ceder siempre un poco de lo que le pide su interlocutor y su presente de «gerente del cristinismo» obligado a ir por todo, imponer la razón a cachetazos y no dejar al adversario otra instancia que no sea la rendición. Y la síntesis le ha resultado imposible de lograr…

Por eso ahora no debe cuidarse de los extraños -nadie pretende suplantarlo por el fundamentalismo de Cristina, de Grabois, de D’Elía, de Hebe, de Verbitsky, de Milagros Sala y de tantos otros profetas del exterminio ajeno que además quieren terminar con un país pletórico de oportunidades para los oportunistas, los sindicalistas, los legisladores, los políticos, los empresarios y tantos otros que encuentran en Alberto un salvoconducto- sino de los propios: todos los nombrados, más los emergentes de un peronismo perdulario, timorato e insustancial, los jueces «amigos» que son capaces de una vuelta carnero ante una mejor oferta, los jóvenes coptados por La Cámpora que han sido formados en el axioma «poder=dinero» y hasta la prensa venal dispuesta a ver lo que no existe o desconocer lo evidente a cambio de algunos pocos pesos, componen un universo de aliados capaces de traicionarlo y abandonarlo apenas la que saben que es «la Jefa» de la voz de asalto al poder.

Y claro, leen los signos cada vez más explícitos: Vizzotti es Cristina -aunque no lo sea en el inicio está demasiado salpicada por un escándalo que circula con sordina con respecto a la compra de la vacuna rusa y U$S 8 millones que se perdieron en el camino- y Horacio Verbitsky también es Cristina y nadie puede creer que los clavos con los que clavó en la cruz a Ginés fueron martillados distraídamente.

Y pese a que otro hombre de la ex presidente, Daniel Gollán que fuera su Ministro de Salud, quedó fuera de la nueva estructura por pedido de Axel Kicillof, quedó resuelto que otro hombre del riñón de Cristina-La Cámpora (¿Nicolás Kreplak?) ocupará el segundo escalón del ministerio.

La viuda de Kirchner ya tiene Salud, un escalón más en su desembozado intento de colonizar el poder y que ya ha clavado bandera en todas las cajas principales (Anses, YPF son solo dos de los principales ejemplos)  y varios ministerios entre los que están Seguridad, Agricultura, Economía, y todos aquellos en los que se ha quedado con las segundas y terceras líneas.

También, claro está, maneja el Poder Legislativo desde su conducción en el Senado y el papel de titiritero que su hijo Máximo hace del devaluado Sergio Massa en Diputados.

Cristina es entonces el poder, las funciones y seguramente la dueña de una nueva forma de hacer política en la Argentina: la de utilizar patéticas mediocridades para ocupar lugares hasta que llegue el momento de unificar «usufructo y nuda propiedad».

¿Es éste el momento?, ¿entendió Alberto que es hora de devolver el poder que le prestaron?, ¿ya ha llegado el tiempo de que la ficción deje paso a la realidad?.

Cualquiera sea la respuesta, el país camina inexorablemente hacia su destrucción como comunidad organizada.

Aunque nos neguemos a verlo y sigamos esperando la llegada de un salvador providencial que nunca existió y seguramente jamás aparecerá.