«Rompehuelgas», «carneros», «oligarcas», cuantos términos que parecían olvidados hemos vuelto a escuchar esta semana. La educación y el fútbol son el espejo de un país gris y mediocre.
Si el estado es bobo y los empresarios son bobos no hay sociedad que pueda progresar. No podrá hacerlo porque el que controla no puede y el que arriesga no sabe o no quiere.
Desde el fondo de los siglos la lucha entre la mediocridad y la luz ha signado la historia de los hombres. Siempre los inútiles se han sostenido en estigmatizar a los que saben y siempre los vagos lo han hecho descalificando a los que quieren competir y crecer.
Y desde que en la Argentina el estado se convirtió en tapadera de los peores -con jerarcas corruptos y empleados vagos y mañosos- la lucha entre la luz y la oscuridad comenzó a definirse.
Hoy asistimos a un día ejemplar de este país cuesta abajo: los clubes del fútbol argentino que bien se han administrado y no tienen deudas con sus jugadores ni con la AFA no pueden jugar, ni competir, ni recaudar porque son obligados a una dudosa solidaridad con quienes todo lo hicieron mal o con los que pretendieron grandezas que no acomodaban a su realidad.
El 60% de los docentes argentinos, que no están sindicalizados por no creer en los dirigentes de esas asociaciones o por no compartir las políticas «combativas» (¿porqué tenemos tanto miedo de usar el término «extorsivas»?) no podrán ponerse al frente de sus aulas el lunes, aún en aquellos distritos en los que la oferta salarial fue aceptada como suficiente.
No hay caso, este país no tiene posibilidad alguna de emerger. Una sociedad que festeja las guerras, vota las mentiras, olvida los latrocinios, miente su propia historia y no se atreve a levantar la voz frente al abuso de las corporaciones, es un país que está donde está por derecho propio.
Combatimos al capital y tuvimos éxito, nadie quiere invertir en la Argentina; protegimos al trabajo y logramos que nadie quiera ahora tomar un trabajador en blanco; cubrimos de garantías constitucionales a los delincuentes y así hicimos posible que nos maten, nos roben y nos violen con una sonrisa en la boca; nos alejamos de los organismos internacionales de crédito para lograr que los bancos privados nos presten plata al 50% anual y Venezuela nos «ayude» a una tasa de interés que triplica la que se aplica en el mundo.
Durante décadas nos entregamos a la estúpida discusión acerca si era más importante el fútbol o la educación.
Por fin lo resolvimos…ya no tenemos ninguna de ambas cosas.


