La basura en las calles es un atentado a la salud de la población

Por Adrián FreijoLa basura amontonada en las calles de Mar del Plata aumenta los riesgos sanitarios de la población. ¿Es que gobierno y justicia seguirán mirando para otro lado?

Más allá del siempre válido debate acerca del límite que marca la extinción de los derechos individuales o sectoriales cuando aparecen los del conjunto, la situación reinante hoy en el predio de disposición final de residuos y que tiene a la ciudad con sus calles tapadas de basura supone un riesgo excepcional en un momento de gravedad de características similares.

¿Agrava la falta de higiene urbana el riesgo de contagio por el que atravesamos los marplatenses y batanenses?.

Ciertamente sí. Las condiciones sanitarias suficientes para evitar la propagación del virus COVID-19 no aceptan la proliferación de desperdicios, mugre y el riesgo de multiplicación de otras enfermedades que, aún no vinculadas con el motivo central de nuestra preocupación, disminuyen las defensas de las personas que puedan adquirirlas convirtiéndolas en población de riesgo.

El Ministerio de Salud de la Nación ha dictado algunas normas específicas para el servicio de recolección urbana de residuos y su posterior tratamiento durante el tiempo en el que la pandemia siga siendo el centro de la situación sanitaria.

Sostiene por ejemplo que “para la recolección de los residuos por parte de los servicios de higiene urbana (sean estos públicos o tercerizados) durante el período de contención de la epidemia, y cuando el número de casos probables y/o confirmados en la localidad sea factible de mapear y conserven su trazabilidad, se recomienda “establecer un sistema de recolección ad hoc (diagramación del recorrido de recolección en vehículos diferenciados o en momentos diferenciados de la recolección general) que minimice la  manipulación de los residuos y garantice su disposición final. Esto deberá ser realizado por personal entrenado y con elementos de protección personal (EPP) adecuados”.

Si bien es claro que en Mar del Plata muchas de estas medidas no fueron tomadas –el servicio siguió prestándose en las mismas condiciones de antes de dictarse el aislamiento obligatorio- la realidad indica que hoy el sistema se encuentra en carácter de implosión: la basura se acumula en las calles, los camiones recolectores no pueden ingresar al predio y los recicladores exigen como condición para “autorizar” el funcionamiento del sistema que se les permita volver a desarrollar sus tareas sin que las normas específicas dictadas por el MS para ello se hayan siquiera comenzado a implementar.

Sostiene también la autoridad sanitaria que se debe “evitar que los residuos provenientes de aislamiento se mezclen con los residuos enviados a reciclado, en aquellos municipios donde exista recolección diferenciada”. ¿De qué estamos hablando cuando en nuestra ciudad las calles y veredas se han convertido en basurales a cielo abierto en los que todo tipo de residuos urbanos se juntan sin criterio diferenciador alguno?.

Concluye el documento con dos medidas fundamentales para el cuidado de la salud pública: “no enviar los residuos de aislamiento a plantas de tratamiento y realizar el transporte de modo directo al sitio de disposición final”. Cualquier comentario al respecto sería ocioso…

Por otro lado, la contaminación atmosférica, variable que puede ser controlada, propicia tanto el alojamiento del virus, como el empeoramiento de las condiciones de un paciente contagiado. Y también hay evidencia que la contaminación ambiental es una de las causas de acentuación de otras enfermedades virales similares al coronavirus, como la influenza, debido a que las partículas contenidas en la atmósfera pueden facilitar su propagación al convertirse en soporte para las gotas de saliva contaminadas y en su medio de transporte, pudiendo volverse un factor crítico para una dispersión viral de largo alcance.

Así las cosas, y sin extendernos en consideraciones técnicas específicas que quedan en mano de los especialistas, tal vez ha llegado el momento en el que las autoridades políticas y judiciales de la ciudad tomen conciencia de que este estado de cosas supone un riesgo sanitario de proporciones y que quienes lo están generando, más allá de cualquier otra consideración, son autores de un delito contra la salud pública previsto en el artículo 202 del Código Penal cuando habla de la propagación de enfermedades.

Y que ignorarlo u omitirlo los pone a ellos en la puerta de otro que alguna vez deberá comenzar a ser tomado en cuenta y que es el de incumplimiento de los deberes de funcionario público.

El predio debe volver a funcionar y la basura retirada de las calles. Punto.