La Cámpora, las vacunas «vip» y el caso Mar del Plata

Por Adrián FreijoYa sin disimulo, como si el escándalo de Ginés hubiese abierto una compuerta, el kirchnerismo más duro muestra que maneja las vacunas y elige a quien aplicarlas. También acá.

Los hechos que terminaron con la renuncia del ministro de Salud Ginés González García no hicieron otra cosa que colocar en superficie algo que todos sabíamos y que en distritos de menor exposición que la CABA, asiento del gobierno nacional, venían explotando con el estruendo que siempre genera el escándalo y la celeridad con la que desaparecen las historias de pago chico.

Y en todos los casos se repetía el pecado y el pecador: La Cámpora administrando vacunas en carácter de propietaria de las mismas y eligiendo militantes, amigos y parientes para su colocación.

No en vano desde  La Plata se organizó la Brigada Bonaerense de la Vacuna que repartía por las redes sociales la consigna «Vecino, vecina, abuelos, nosotros conseguimos la vacuna, nosotros la tenemos, nosotros vacunamos…. La Cámpora te vacuna» agregando en cada caso el lugar al que debía dirigirse cada «beneficiario» para recibir el privilegio de saltar por encima de los registros oficiales.

En San Andrés de Giles dos concejales del Frente de Todos , tuvieron que renunciar cuando se supo que se habían vacunado junto a familiares y amigos; en total, unas 20 personas ajenas a los servicios de salud.

En Chivilcoy, donde el PJ está dividido entre randazzistas  y kirchneristas, la interna partidaria contribuyó a develar el juego: con total descaro, varios jóvenes camporistas habían hecho alarde de su vacunación en redes, fotografiándose con los dedos en V.

Los jóvenes militantes ni siquiera ocultan su privilegio

Y por estas horas se multiplican las denuncias y los nombres, que van entre los de conocidos dirigentes, sindicalistas y empresarios hasta los de ignotos personajes que consiguieron la ansiada vacuna por ser «amigo de», «militar con» o ser «pariente de cual».

Una expresión cabal de una Argentina perdularia, corrupta y enferma de venalidad. Porque no pocos de estos privilegiados exponen en las redes sociales su logro convencidos de que les asiste un derecho casi sagrado y que no están cometiendo ninguna irregularidad. Más bien, insisten en algo así como una cato de justicia: jóvenes que recibieron la vacuna trabajan en las postas de vacunación o participarán del operativo en geriátricos; en La Plata una veinteañera de La Cámpora sostuvo impávida que “estoy dando clases de teatro en un hospital, por (ser) personal de salud (sic) me correspondía” y en Henderson  las 450 vacunas recibidas -el lote mínimo, pues así son envasadas- sobraban para vacunar a los 350 agentes de salud de la localidad y entonces se resolvió utilizar las otras 100 para inocular militantes y parientes de estos en vez de utilizarlas en la población añosa o con patologías preexistentes.

Y así a lo largo y a lo ancho del país, en un miserable modo de actuar que tras el affaire Ginés-Verbitsky explotó en denuncias y comprobaciones. Una realidad que ya no podrá ser acallada, ocultada o tergiversada.

Y Mar del Plata no es la excepción. A los nombres conocidos que ya fueron señalados en el listado que se llevó puesto al poderoso ministro del gabinete nacional se suman ahora otros que trascienden en medios y redes y que seguramente necesitarán de aclaraciones en los próximos días.

La sociedad ya no acepta silencios y quienes hayan sido beneficiados a costa de la salud de otros vecinos que se encontraban en posiciones prioritarias para recibir la vacuna deberán abandonar sus cargos, si los tuviesen, o rendir cuentas públicas de su accionar. No es aceptable ingresar en una caza de brujas -por eso es aconsejable omitir los nombres que hoy circulan marcando responsabilidades, al menos hasta que existan pruebas suficientes de que los hechos que se les imputan son reales- pero tampoco será bueno que lo ocurrido caiga en saco roto y, como siempre, el tiempo y el olvido diluya las responsabilidades.

Sería bueno que desde la Zona Sanitaria VIII se aclarasen las versiones circulantes

El listado de políticos y funcionarios locales que recibieron la vacuna e hicieron extensivo el privilegio a sus familiares y allegados es suficientemente amplio como para poder afirmar que estamos frente a un «modus-operandi» y no a casos aislados. Y todo con epicentro en el área de salud provincial, con sede en la ciudad, que no por casualidad también está en manos de La Cámpora.

Párrafo aparte para una militancia juvenil que sorprende por la excelencia con la que ha desarrollado todos los vicios de la política “liberal burguesa” a la cual decía venir a combatir. Pocas esperanzas de cambio quedan en la Argentina si estos son los encargados del recambio institucional.

Millones de dólares sin justificación, mañas políticas y clientelismo, hambre por ingresar a la estructura del estado y vivir del presupuesto público con holgura y poco esfuerzo, búsqueda frenética de manejar la caja del estado…y ahora este uso y abuso de la salud pública y de los derechos de los sectores más frágiles de la sociedad.

¿Es esta la herencia de aquella «juventud maravillosa» que en los 70 no supo entender la diferencia entre la vida y la ideología?, ¿o es que en la Argentina el desprecio por los valores básicos ya es parte constitutiva de su ADN y su alma?.

¿Qué más se debe esperar para entender la hondura de la crisis moral que estamos viviendo?.