La clase política no resistió el centro de la escena

Por Adrián FreijoArrancó la crisis sanitaria con señales de reconciliación de la sociedad. Pero no duró mucho: a poco de andar volvieron las peleas, la corrupción y la inocultable ineficiencia.

Si usted concede a un artista el centro del escenario le estará cumpliendo un sueño de protagonismo. Pero después dependerá de él: si no sabe la letra, si cree que el público se conforma con su presencia y no puede traspasar «la cuarta pared» arrasado por su ego, no dejará de transitar nunca el camino de la mediocridad. 

Ni que decir si además solo está pensando en la taquilla o si subestima a quien le brindó su confianza al dedicar tiempo de su vida esperando una respuesta de calidad…

El coronavirus puso en evidencia que la dirigencia argentina está, a lo sumo, para papeles de reparto. Pero muy lejos de poder encarar un protagónico…

Improvisación sin talento, dudas a la hora de repetir un libreto que aclare, explique y tranquilice, ausencia total de empatía con el público -que observa tratando de encontrar alguna ilación en lo que se ve y esa tendencia a la sobreactuación y a lo ampuloso que caracteriza a géneros teatrales menores en los que el gesto suplanta  la ausente solidez del texto.

Los cuerpos deliberativos «debatiendo» cuestiones de organización sanitaria que deberían ser motivo de interés y trabajo en tiempos de normalidad pero siempre quedan soslayados por la urgencia de la chicana política o la inminencia de un nuevo capítulo en el inagotable tránsito electoral argentino…

Los diferentes ejecutivos tirándose zancadillas, especulando, espiando, haciendo política berreta y más preocupados por la comunicación que por la acción.

Por estas horas las idas y vueltas que rodean el inevitable retorno a una cuarentena endurecida ponen en evidencia estas circunstancias. El exceso de palabras generó expectativas que ahora no pueden cumplirse y es posible que muchos de los charlatanes de turno estén comprendiendo el valor de la sobriedad y el prudente peso del silencio.

Una vez más, como en casi todos los ordenes de la vida argentina, nuestra dirigencia no pudo soportar el tiempo de exposición y más temprano que tarde mostró el ajado y mal maquillado rostro de la mediocridad.

Que fue y será su eterno libreto….