LA CONFUSIÓN DE ALGUNES Y EL BIEN DE TODES

La idea de cambiar las características de la Guardia del Mar cruza un umbral preocupante en algo que también tiene que ver con el género humano: la libertad de elección gregaria.

Es bueno que la humanidad discuta hoy cuestiones de género, porque al hacerlo se aleja de estereotipos culturales que mucho daño han hecho y a tantos han condenado a la exclusión y la soledad. Cuando no al desprecio…

Y también lo es que en el camino pueda caerse en alguna exageración; todo cambio de época las tuvo y siempre el equilibrio que da el paso del tiempo llevó las cosas a ese punto que contiene a todos y que está lejos de la revolución y del conservadorismo.

Pero el hombre es gregario por naturaleza y desde el fondo de los tiempos caminó rutas escarpadas y dolorosas para ir dándose las normas de esa convivencia que busca siempre respetar la voluntad del conjunto, sin agredir a las minorías pero sin permitir que ellas sean las que obliguen y condicionen a las mayorías.

En las últimas horas la concejal Sol de la Torre del Frente de Todos propuso cambiar las formas de ingreso a la Guardia del Mar para que a partir de ahora al seleccionar las nuevas aspirantes, no haya impedimentos en cuanto al sexo biológico ni a las condiciones físicas y estéticas, y que se incluyan a las identidades diversas. Lo que amén de ser una cuestión discutible, supone una seria confusión de la edil acerca de la cuestión de los derechos individuales que, más allá de la discusión de género, se encuentran contenidos en la normativa legal vigente que, aunque a ella le moleste, es la que rige la convivencia de la sociedad argentina.

La Guardia del Mar, como cualquier asociación civil ya sea deportiva, comunitaria, científica o de cualquier tipo, tiene el derecho consagrado a fijar las normas para la pertenencia, siempre y cuando estas no violen la leyes. Y no parece ser el caso de esta institución representativa de Mar del Plata desde 1969, que ha paseado su donaire y calidad por cada rincón de la Argentina y algunos países del mundo.

Cualquier mujer, varón o representante de las tantas diversidades sexuales que hoy existen en nuestra sociedad puede elegir la mejor manera de representar a su ciudad ya sea individual o colectivamente. Y fijarse para sí y para terceros las normas para hacerlo.

Obviamente, la Guardia del Mar también…y nadie tiene derecho a inmiscuirse en sus normas de reclutamiento y administración interna.

A muchos nos gusta el básquet, pero no esperamos que el Concejo Deliberante obligue por ordenanza que los clubes incorporen a sus planteles profesionales a personas que escasamente rozamos el metro setenta… ¿Podemos sentirnos discriminados por ello?.

Creer que existe un mismo derecho a exigir igualdad de oportunidades y género en la educación, la salud, el trabajo, la libre circulación y acceso a los más diversos lugares y servicios que a integrar organismos y asociaciones que se rigen por sus propias normas es confundir igualdad con colectivismo. 

Y mientras la primera es esa condición o circunstancia de tener una misma naturaleza, cantidad, calidad, valor o forma, o de compartir alguna cualidad o característica, el colectivismo es el derecho de todos por encima del derecho individual, ese que todavía consagra nuestra Constitución.

Lo que indica que, aún guiada por las mejores intenciones, la concejal propugna una norma que se da de patadas con la ley fundamental de la república.

Esa que, le moleste a quien sea, tenemos la obligación de respetar…todes.