La crisis gastronómica y el equilibrio de los buenos dirigentes

Por Adrián FreijoEl sector gastronómico, el más golpeado en la ciudad por la crisis sanitaria, se convierte en pista de prueba en la que compiten la sabiduría contra los aventureros.

Una de las grandes lecciones que dejará este tiempo de pandemia estará vinculada al papel que le toca jugar a la clase dirigente en medio de una crisis de semejante magnitud. El equilibrio, la acertada búsqueda de prioridades, la comprensión acerca de la necesidad de escuchar e interpretar al otro sin caer en la simplificación de creer que el propio daño es el único a tener en cuenta y sobre todo la voluntad de abandonar el rédito personal en beneficio del conjunto, marcarán un antes y un después que la gente -más avispada y atenta de lo que muchos suelen creer- no dejará de observar ni se privará de sacar conclusiones que tal vez sean definitivas.

De hecho no han sido pocas las críticas que la sociedad ha volcado sobre gobernantes que pretendieron utilizar este momento para llevar agua para su molino e intentaron erigirse en héroes y salvadores en un vuelo de baja altura que terminó estrellándose contra la realidad. No creemos que haga falta nombrarlos…su propia desubicación tomó el tono de estruendo.

Por estas horas el sector gastronómico local, el más golpeado de todos por la incidencia que históricamente tiene en Mar del Plata, es un ejemplo claro de lo que aquí estamos afirmando. Empresarios y gremio buscan espacios comunes que permitan sostener la actividad, el empleo y los derechos adquiridos por los trabajadores.

Algo especialmente difícil por una sola y única cuestión que a esta altura parece imposible de revertir: los números no cierran y es claro que, por bastante tiempo, no cerrarán.

¿Qué hacer frente a esta dura realidad?, ¿exigir el cumplimiento de todo lo acordado para tiempos de normalidad?, ¿confrontar?, ¿empujar a los establecimientos al cierre o a la quiebra?…¿o tirar todos juntos del carro para salvar lo que sea salvable, pasar el chubasco y comenzar a construir el nuevo tiempo de normalidad desde la capacidad de negociación y no desde el enfrentamiento?.

Mientras ello ocurre algunos sectores nacidos a la luz de la especulación y el facilismo de prometer lo que no se puede cumplir tratan de ganar la voluntad de los atribulados trabajadores con el único propósito de avanzar en sus propias aspiraciones de poder. Rémora de una política irresponsable que llevó a la Argentina a su postración actual y del uso demagógico de los más débiles para acercarse a los objetivos planteados.

Cuidado entonces con los falsos profetas, con los aventureros y con quienes no tienen nada que perder. Miles de trabajadores y centenares de pequeños y medianos empresarios dependen de la sabiduría, claridad y firmeza de los dirigentes para enderezar un barco que amenaza con irse a flote.

De la capacidad que se tenga para saber cuales son los límites posibles de alcanzar y de la de dejar de lado cualquier egoísmo especulativo puede depender la continuidad de la actividad en Mar del Plata.

O puede alumbrar un tiempo de especulaciones, mentiras y falsas promesas que termine arrasando una actividad fundamental para la economía lugareña.

Será entonces cuestión de sacar lo mejor de cada uno y actuar en consecuencia…