LA DESCRIPCIÓN

¿Sorprendido por las descalificantes afirmaciones de Pepe Mujica hacia los argentinos?, ¿no había dicho lo mismo el ex presidente Jorge Batlle?. No nos hagamos los tontos.

“En vez de traer 100 mil cagadores argentinos, preocupémonos de que los nuestros inviertan acá”, afirmó el ex presidente uruguajo José «Pepe» Mujica en diálogo con el periódico El Observador de su país.

Hace algunos años otro mandatario, también uruguayo, el colorado Jorge Batlle estuvo en el centro de la escena mediática por una polémica frase lanzada en una entrevista para la televisión: «Los argentinos son una manga de ladrones, del primero hasta el último». Los dichos del ex presidente rebotaron por todo el país al punto de que tuvo que reunirse con el entonces mandatario argentino Eduardo Duhalde para disculparse.

Pepe es un hombre de la izquierda, con un violento orígen en el movimiento Tupamaro; Batlle es «colorado» y tanto él como su familia tuvieron activa participación en los duros años de la dictadura de su país. Sin embargo con respecto a los argentinos es claro que coinciden…

¿Con cual de los carteros nos enojamos esta vez?, ¿a quién acusamos de prejuicio político?...¿dónde está la conjura sinárquica contra los habitantes de este bendito suelo?.

El ruso Simon Smith Kuznets (1901-1985), quien dedicó su vida a la estimación e interpretación de las cuentas nacionales, complementando el enfoque teórico encarado por John Maynard Keynes en «La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero»  obtuvo el Premio Nobel en 1971 y es reconocido como uno de los analistas más importantes del siglo XX. Dividía los países en cuatro «clases»: los desarrollados, los subdesarrollados, Japón y la Argentina.

Sobre las dos primeras clases poco hay que decir que no se sepa. A su vez Japón es el ejemplo de un país que con nada -una pequeña isla de piedra, superpoblada y sin riquezas naturales- logra convertirse en potencia de la mano de la creatividad, el esfuerzo, el sentido de conjunto y la honestidad.

Argentina es todo lo contrario: teniéndolo todo se las ingenió para llegar a la nada. Multiplicó la pobreza, deshonró sus deudas, traicionó una y otra vez su relación con el mundo, consagró la corrupción como práctica política, institucionalizó los privilegios y la violencia, encubrió delincuentes, dilapidó sus riquezas, pulverizó la educación y caminó siempre a contramano de la realidad.

¿Puede hacerse todo esto sin una previa y constante claudicación moral?.

Alguien puede decir que en definitiva nos hicimos mal a nosotros mismos, pero esto no es lo que ve el mundo. Un mundo que pasó de aquel paternal consejo que hace 80 años nos diera el filósofo español José Ortega y Gasset cuando en el corazón de Buenos Aires pronunció el «Argentinos, a las cosas» , a estas duras palabras de alguien a quien el progresismo vernáculo, y quienes no lo son tanto, consideran un amigo del país y un faro moral de la vida pública.

¿Todos nos odian?, ¿todos están equivocados?...¿o todos ven lo que nosostros nos negamos a asumir?.

Los enfermos se curan una vez que saben que lo están, los engañados superan la decepción solo después de padecer el engaño, las derrotas se lloran luego de haberlas sufrido. Nunca es triste la verdad…pero en algunos casos puede tener remedio.

Somos lo que dijo Pepe, también lo que vomitó Batlle y lo que calificó Kuznets; pero no necesariamente estamos inhibidos para dejar de serlo. Solo habrá que bajar la cabeza, asumir el desprecio que el mundo tiene por nosotros y reconocer nuestras faltas para comezar a expiarlas con humildad e inteligencia.

Sin enojo ni soberbia, sin culpables ni pretextos. Sin tanta estupidez con tufillo a fracaso…