La estupidez de unos pocos que permitió al gobierno ocultar el bosque

Redacción – Una desafortunada forma de protesta fue utilizada por el gobierno para descalificar las marchas en todo el país. Sería un error oficial convencerse de que nada está pasando.

 

Una provocativa instalación en la marcha convocada por Juntos por el Cambio

Una provocativa instalación en la marcha convocada por la oposición

Manifestantes  marcharon en rechazo a las vacunaciones contra el coronavirus fuera de protocolo en varias ciudades del país y Plaza de Mayo, donde colgaron bolsas simulando contener cadáveres con nombres de dirigentes del oficialismo, hecho que fue repudiado por el presidente Alberto Fernández y otros funcionarios, aunque en realidad la desafortunada forma de protesta pretendía denunciar que cada uno de los citados había utilizado una vacuna que pertenecía por derecho propio a otro argentino que, tal vez, haya muerto al no recibir su dosis.

Repudiable, de mal gusto y además demostrativo de que el fanatismo ciego y la falta de criterio se encuentra presente a ambos lados de la grieta. Pero apenas una demostración aislada y tan desubicada como años atrás lo fue el recordado cajón incendiado por el peronista Herminio Iglesias. Claro que esta vez, al menos, el desmán no surgió desde un palco oficial sino de un grupúsculo de desubicados que se mezclaron entre miles que manifestaban civilizadamente.

«La forma de manifestarse en democracia no puede ser exhibir frente a la Casa Rosada bolsas mortuorias con nombres de dirigentes políticos», advirtió el jefe de Estado en Twitter, y manifestó que «esta acción lamentable solo demuestra cómo muchos opositores conciben la República», sostuvo el mandatario tratando de desviar el verdadero punto de la cuestión: en la misma CABA, en Mar del Plata, Rosario, Córdoba, Tucumán, Mendoza y la mayoría de las capitales argentinas miles de ciudadanos salieron a las calles, sin echar mano a instrumentos de mal gusto como el que eligió el pequeño grupo que colgó los monigotes en Plaza de Mayo, para manifestar su enojo con el accionar del gobierno al desviar vacunas destinadas al personal de salud y a los adultos mayores para inocular amigos, parientes, funcionarios y militantes. Eso es lo que puso a la gente en la calle y cualquier otra interpretación puede suponer el suicidio político de un gobierno que camina por la cornisa abrazado a sus propios errores y contradicciones.

El Presidente pidió: «No callemos ante semejante acto de barbarie», mientras que el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, escribió en la misma red social que «es peligroso para nuestra democracia que sectores de la oposición insistan en profundizar los discursos de odio» y preguntó: «¿Es odio lo único que tienen para ofrecerle a la sociedad?».

Ninguno de ambos parece entender la gravedad de la irregularidad cometida por el gobierno que encarnan en lo referido al destino de las vacunas y la indignación que ello produjo en la sociedad. Una forma de confirmar el viejo adagio que pide que «el árbol no nos impida ver el bosque» y un tonto pretexto para negar la realidad que estallaba en la cara de un gobierno furioso, dubitativo y corriendo detrás de la realidad.

También el Twitter el ministro de Defensa, Agustín Rossi, sumó su repudio ante «la violencia de la derecha presente» y calificó el hecho de «inadmisible» y como una «negación explícita de la democracia» mientras que su par de Interior, Eduardo «Wado» de Pedro, replicó el tuit del Presidente, y el viceministro de Salud bonaerense Nicolás Kreplak condenó el hecho.

Ayer a última hora nadie en el oficialismo parecía comprender lo que estaba ocurriendo y todos a una se aferraban a la lamentable imagen de las bolsas colgadas en la plaza para ocultarse, y ocultar, una masiva movilización en todo el territorio del país que debería hacer reflexionar al gobierno.

Pero es sabido que no hay peor sordo que el que no quiere oír..