La historia de Greta Risa, actriz y directora franco-argentina que apostó al teatro marplatense

Greta Risa, actriz y directora de «Sueño de una noche de verano», obra teatral que recibió tres Estrellas de Mar, habló en Radio Brisas sobre sus ricas vivencias entre Francia y Argentina para forjar su intensa carrera artística.

Es franco-argentina, residió 25 años en París y apostó en una temporada difícil a convocar a actores marplatenses para poner en escena la obra que se convirtió en una de las más premiadas del verano.

«La personalidad que se forja cuando uno es migrante es de observación, curiosidad, necesitamos hacernos un lugar, es un proceso hacia la pertenencia. Eso genera una visión que hace que uno diga que todo es posible. Yo lo viví como una aventura», confesó Greta Risa en diálogo con Florencia Cordero en el programa Un Lugar en el Mundo.

En ese contexto avanzó con su particular historia. Se sentía parte de una familia disfuncional: su mamá tenía una enfermedad, su papá estuvo ausente y su abuela italiana fue quien la crió. Hizo la escolaridad en una escuela bilingüe en Buenos Aires y contó que su abuela la impulsó a subirse al «barco» a los 18 años rumbo a Francia.

«Al principio era un viaje de estudios de un año. Yo a los 11 ya había declarado que iba a ser actriz, y en cuanto pude volar y empezar esa vida de aventura no quise volver más», aseguró la directora.

Comentó que cuando llegó a París tenía la inscripción en una licenciatura de Civilización y Lengua Francesa en La Soborna. «Hice ese año a lo ponchazos porque no me interesaba, cumplí y al año siguiente entré al conservatorio de teatro. En la escuela hacía sketchs y ya dirigía a mis compañeras. Ando con el cuadernito de directora desde que tengo 16 años», señaló.

Y agregó que «me armaba una familia, ponía platos, me armaba mundos, enseguida lo relacioné a mi historia de verme como una heroína o aventurera con todo relacionado al espectador, al público, a la mirada, a que hubiese alguien que escuchara esas historias».

Con respecto a su abuela recordó que «esperaba a que yo volviese, me mandaba recortes del diario de obras que triunfaban para convencerme. Creo que hoy estaría muy orgullosa de mis premios. Ella estaba muy consciente de que los argentinos nos desvalorizamos y siempre creemos que afuera es mejor, entonces si bien me incentivó a irme, me quería hacer ver que lo que importa es lo que uno lleva adentro, que el recorrido es interior y estoy completamente de acuerdo. Poco importa donde uno esté, son viajes interiores y es hacia uno mismo».

En París hizo tres años de conservatorio e inmediatamente la empezaron a llamar para obras. En ese sentido, Greta remarcó que «tenía algo de locura que no entraba en el estereotipo, yo quería ser la actriz francesa clásica y no entraba para nada, no entendía por qué. En los ’90, el maestro me retaba y me decía que actuaba como una lavandera. Los franceses son muy intelectuales y yo quería que sacaran la pasión. De regreso a Argentina me toca un rol diferente, que es dar precisión, rigor, algo más técnico».

En sus primeros tiempos como inmigrante la situación no fue nada facil. «Estuve 6 años sin papeles, porque primero llegué como estudiante, estaba decidida a quedarme, quería conquistar París, era muy joven y estaba muy sola. Paradójicamente fue en el momento en el que fundé la compañía, que me permitía arraigarme, tenía un espíritu de conquista. Con todo el proceso migratorio que conlleva limpiar pisos, cuidar niños, creo tengo un master como mesera, después viví mucha aventura, bailé en un barco en un viaje por Tailandia y Malasia. Mi lazo fuerte fue mi pareja, el padre de mi hijo de 15 años que también es actor y director. Cuando mi hijo Pablo nació ya tenía papeles, me sentía francesa, pensé que no volvía mas», sostuvo Greta.

Por otro lado, explicó que en 2009 reconoció la pasión y la creatividad que hay en este país, donde se encontraba con artistas muchos mas involucrados. «En Francia hay un seguro de desempleo para artistas durante diez meses, acá no. Acá el que decide mantenerse como artista es porque tiene una fe y voluntad inquebrantable. Veía el desaforo, el deseo y pasión, y mucha creatividad e imaginación y eso me atraía muchísimo. Luego conocí al padre de mi hija, argentino, y me quedé en Buenos Aires», resaltó.

Entre sus variados proyectos, la obra «Migrantes» surgió luego de su regreso y pudo presentarla en el Festival Iberoamericano en el 2019 en el Teatro Colón de Mar del Plata. En ese entonces, contó que «el sistema de la profesionalización de los actores me hizo ruido entonces pensé en remunerar los ensayos a los actores e hicimos una coproducción en 8 países, pensé en el modelo de producción y funcionó. Convoqué a actores de distintos países, la temática surgió de la obra de Gabriel Fernández Chapo quien escribió la historia de seis migrantes que existen realmente, cada personaje hablaba de sus vivencias, un mexicano, un chileno, una argentina, una boliviana, un ecuatoriano y un colombiano».

A los 25 años fundó la compañía «Mirando al sur» y manifestó que fue «en un momento en el que estaba sin papeles, fue una familia. Al crear espectáculos, me posicionaba de otra forma en el país. Cuando uno funda una compañía se ve en el tiempo como algo permanente, que dura, espectáculo tras espectáculo se va generando un lenguaje escénico, estético, ese recorrido me interesaba generarlo como si estuviera en una cajita guardando algo. La idea de la compañía solidifica, es un coro global de cruces de culturas, de lenguajes. Era una idea de siempre estar mirando hacia otro lado, con la mente abierta y con la libertad para poder imaginarse otras cosas, con la curiosidad para escuchar lo que el otro tiene para decir».

La artista franco-argentina trajo a la cartelera de Mar del Plata «Sueño de una noche de verano» y ganó el premio Estrella de Mar como mejor directora, mejor comedia y mejor actriz de reparto por la actuación de Clarita Campos, además de otras dos nominaciones por el trabajo de los actores Sebastián Fraternali y Néstor González. A la hora de recordar lo que vivió en la noche de los Estrella de Mar, Greta mostró una iluminada sonrisa. «Yo estaba en Hollywood, cuando era chica me fascinaba ver los Oscar. Para ese día, había preparado un discurso re serio, lo leí, le di mucho valor a mi premio, muy orgullosa», confesó.

La obra «Sueño de una noche de verano» se encuentra en dos salas, el Teatro Hostel y el Radio City con 12 artistas en escena y la selección de los actores fue a través de audiciones. «Me gusta para cada proyecto audicionar, no ir a lo que ya conozco, me gusta sentir que no estoy aferrada a nada. Hubo 150 candidatos, y solo 50 audicionaron durante 4 días intensos de varias horas. Lo que era importante era ver como podían abordar ese estilo de ensayos en grupos con ejercicios físicos y mucha improvisación. Son excelentes artistas, me sorprendí gratamente, me encontré con intérpretes con muy buena técnica, humildes a la hora de trabajar, generosos. Se generó un grupo muy lindo».

Con respecto a su método de trabajo, expresó que «les pido que no piensen, que improvisen, no les di mucho tiempo para pensar, la consigna era yo también buscar en un territorio vacío. Confiaba en el proceso, después no sabía qué iba a salir y qué lenguaje común íbamos a encontrar. La inspiración del oriente que apareció fue por parte de uno de los actores en una improvisación».

Por último, manifestó que sigue manteniéndose abierta y tiene posibilidades de irse a otros países, dispuesta a la aventura. «Me siento muy contenta con las experiencias que he tenido acá, hay que seguir apostando a las artes escénicas y creo que este es el momento más que nunca de hacer, de seguir siendo libre para crear. Vienen épocas de mucho coraje donde vamos a tener que ser héroes de nuestra propia historia», concluyó.