La intensa vida viajera de una marplatense que se animó a volar sin límites

Florencia Pavón se convirtió en inmigrante sin querer y terminó “comiéndose el mundo” como viajera. Después de recorrer varios países con diferentes inquietudes, se instaló en un pueblito de México para aprender a volar en parapente.

A los 12 años dejó Mar del Plata porque su familia decidió mudarse a Italia y, a pesar de que no estaba muy convencida, ese fue el primer paso para una vida de viajes con posibilidades inagotables de descubrir cosas nuevas todo el tiempo.

Terminó la carrera de Ciencias de la Comunicación y consiguió un trabajo estable, pero la idea de dejar que pasen los años en el mismo lugar, a la espera de que llegue la edad de jubilarse, le pareció sencillamente aterrador.

Inquieta por naturaleza, renunció a su empleo y decidió empezar a viajar para no estar sujeta a los límites que propone la sociedad. Al principio la intención era trabajar un tiempo y después viajar, pero la experiencia por distintos lugares del mundo la impulsó a lanzarse a la aventura y le demostró que se puede andar de acuerdo a como sopla el viento.

El recorrido trazado a través de los años fue verdaderamente intenso. Desde una vida de playa en Mallorca, pasando por un regreso a Mar del Plata en una casa con amigos frente al mar hasta ponerse al frente de un hostal en Montañita, ayudar  las víctimas del terremoto de Ecuador o una escapada a San Petersburgo con unos rusos que conoció, entre tantas otras historias.

En diálogo con la periodista Florencia Cordero en el programa Un Lugar en el Mundo de Radio Brisas de Mar del Plata, Florencia Pavón repasó algunos momentos de su vida en el exterior mientras disfruta de las bondades de un pueblo mexicano, donde descubrió su pasión por volar en parapente.