La justicia irrumpió en la Argentina y ¿la mala política salió por la ventana?

Por Adrián FreijoUna mañana en la que el accionar de la justicia hizo foco en dos cuestiones manchadas por lo peor de la política. Tarde, pero al fin, el estado dijo presente.

La localidad Guernica, en la provincia de Buenos Aires, y un campo en Entre Ríos fueron los dos sitios en los que esta mañana la sociedad posaba sus ojos para saber si la justicia tenía algún sentido en el país.

La ajada imagen de la Corte Suprema de la Nación, siempre dubitativa y buscando equilibrios que se parecen más al interés personal de sus miembros que a la administración de justicia, y la podredumbre que emana de Comodoro Py, sus operadores políticos, sus jueces prostibularios y sus fallos oportunistas, terminaron por generar en la sociedad la convicción de vivir en un país sin equidad ni estado de derecho.

Y la equivocada visión de muchos funcionarios públicos que creen que la función del estado es desproteger a quien algo tiene para resolver su propia incapacidad de resolver las necesidades y derechos de los más desposeídos -que además suponen un extenso sector social que las malas políticas estatales hace crecer día a día- alimentaron la convicción de que «el negocio del pobrismo» volvería a caminar por sobre el estado de derecho y la propiedad privada.

Un escenario plagado de desposesión y marginalidad -Guernica- frente a otro en el que la disputa era sobre miles de hectáreas de campo de una familia poderosa y disfuncional que además tiene, por derecha y por izquierda, vinculaciones con el poder. Un cóctel explosivo y la posibilidad de comenzar a definir la Argentina que viene.

Y una vez más -de la mano de una justicia silenciosa y seria que queda siempre opacada por las agachadas de tanto magistrado que trajina los sets televisivos y las portadas de los principales medios compitiendo con las estrellas del jet set- el estado de derecho se impuso, y lo hizo de la mano de dos fallos serios, ajustados y dignos de ser analizados por todos si lo que buscamos es claridad en los conceptos de la juridicidad en la que todos pretendemos vivir.

Tanto el presidente de la república como su ministra de Seguridad o el propio gobernador de la provincia Axel Kicillof debieron abandonar raudamente sus posturas duales y sospechosamente tibias y apresurarse en fijar posición en favor del derecho a la propiedad. Si hubo algún intento de soslayarlo, modificarlo o ignorarlo quedó en el arcón de los recuerdos de la mano de magistrados que supieron ajustarse a lo que dice la Constitución y las leyes que reglamentan su ejercicio.

Ni siquiera los postreros intentos por demorar ambos desalojos –siempre basados en abstractas mediaciones en la que el estado aparece invariablemente protegiendo los intereses de los ocupantes ilegales en nombre de una paz social que estos mismos han quebrantado– tuvieron esta vez efecto: en el caso de Guernica el tribunal insistió en el inmediato desalojo, al tiempo que señalaba las reiteradas ocasiones en las que los abogados de los usurpadores habían mostrado una única intención dilatoria y sin ánimo de llegar a acuerdo alguno, y en el de la familia Etchevehere con un fallo que apenas se tomó el tiempo necesario para ser redactado, sin utilizar los plazos procesales a los que el juez tenía derecho, demostrando lo grave y urgente que para el tribunal era el hecho de que el titular de legítimos derechos fuese privado de los mismos.

Lo que siempre pedimos: justicia, estado de derecho y celeridad.

Párrafo aparte para el impecable accionar de las fuerzas de seguridad de la policía provincial en la toma de Guernica. Profesionalismo, cuidado de la integridad ajena y capacidad de responder a la violencia generada por algunos grupos de activistas, con la justa represión que fija la ley y que tantas veces se evita para no correr el riesgo de afectar la integridad de un delincuente -los usurpadores lo son- y terminar con serias afectaciones a la carrera y la libertad individual de los agentes del orden.

Queda ahora el mayor de los desafíos que es el de no caer en la trampa de otra grieta y comenzar todos a preocuparnos por como resolver las urgentes necesidades de tantas familias que nada tienen y que en su abandono terminan siendo presa fácil de lo peor de la política, cuando no de miserables especulaciones inmobiliarias que los colocan como carne de cañón. Su dolor e impotencia debe ser el de todos los argentinos de bien y subirlos al camino del progreso y la integración social un objetivo común sin el que este país tampoco tendría razón de ser. Guernica es la postal de la Argentina perdedora…

Una mañana que muestra un país distinto, más afín a la mirada que de él tiene la inmensa mayoría de los argentinos, y que solo presenta ahora la duda acerca de si podremos mantenerlo en el tiempo y convertirlo en realidad.

Y la prueba irrefutable de la importancia de la justicia como reguladora de la vida cotidiana de cada uno de nosotros. Incluidos los políticos y funcionarios…