LA LIGA, LOS CÓMPLICES Y EL TARDE PIASTE

La investigación que hoy escandaliza a toda Mar del Plata es otra muestra del fariseismo que suele rondar estas cuestiones. Mientras pudo operar y tuvo poder fue intocable.

No está mal que se avance sobre una organización que ha cometido una serie de delitos que por su monto y características ponen en evidencia la marginalidad social de quien se aparta de la ley. Personas que, como cualquier asaltante, motochorro o estafador, desprecian el derecho ajeno y hacen de la ley un cómplice útil y funcional a su accionar y sus objetivos.

Muchas personas en dificultades fueron utilizadas por estos personajes para su propio enriquecimiento, quedando privadas de sus viviendas y bienes por precios generalmente viles. Muchas familias quedaron destruidas y, si la investigación avanza en el sentido correcto, podrá verse que como consecuencia de ese accionar vamos a encontrarnos con daños irreparables que a veces llegó a la pérdida de la vida misma. Y en una sociedad seria, que no es la nuestra, y con una justicia eficiente, que tampoco tenemos, la calificación de estos hechos debería ser mucho más dura que si se tratase de una cuestión simplemente patrimonial.

Ocurre que durante años La Liga -integrada por vecinos  que dedicaban parte del tiempo a sus andanzas depredadoras para luego fundirse con  el resto de los ciudadanos para continuar con la comedia, cuyo libreto y protagonistas eran conocidos por todos, y convertirse en esos clásicos señorones marplatenses a los que todos rinden pleitesía aún sabiendo que su status no procede de tareas a las que se pueda calificar de honestas- fue tan poderosa y protegida por jueces, fiscales, martilleros, prensa y organizaciones financieras que llegó a actuar con una normalidad pasmosa e inclusive a quedar integrada como una cosa «normal» de Mar del Plata.

Pero claro, el cambio de modalidad en los remates fue haciendo ceder su importancia y la pérdida de aquel poder omnímodo terminó por habilitar esta investigación que como tantas otras terminará en un largo papeleo, un certámen de chicanas legales para alargar la causa y tal vez alguna leve condena que ni en lo penal ni en lo patrimonial moverá un solo pelo de los responsables de tanto dolor y bochorno.

Por que si algo tranquiliza por estas horas a los responsables e imputados es el saber que no son muchos los que pueden avanzar en la investigación sin toparse con responsabilidades propias por acción u omisión en el camino hacia la verdad. ¿O es que todos eran tontos y durante dos décadas nada vieron, nada escucharon y nada supieron?.

Otra vez apareció el cuento del Gran Bonete y se tropiezan quienes salen espantados al grito de «yo no fuí». Y es que, ya lo verá el lector, a poco de andar nadie habrá sido…

La justicia irrumpió pateando un hormiguero que ya tenía el tamaño de una pagoda. Como la pila de expedientes judiciales decretando y aprobando el remate a precio vil de bienes de terceros sin que nadie en los tribunales locales se preguntara nunca que era lo que estaba pasando.

Tarde piaste…