LA MESA ESTÁ SERVIDA CON TRES MENÚ DISTINTOS

La última conferencia de prensa mostró la tensión que subyace entre Kicillof y Rodriguez Larreta y los esfuerzos del presidente por mantener un equilibrio que en ocasiones se le escapa de las manos.

Todo indica que de la cuarentena vamos a salir en el mismo punto en que estábamos antes de la pandemia. Nada de lo ocurrido, con su carga de dramatismo y su invitación a la reflexión, parece haber modificado lo que cada uno de los actores principales de la vida política nacional quería o podía hacer cuando nadie pensaba en que tendríamos que enfrentar este tiempo distinto que pudo y no quiere ser fundacional.

Tal vez las declaraciones de un personaje secundario, de escasa cintura política y amplia sobrevaloración de su propio lugar en toda esta historio como es Gabriel Mariotto, aquel hombre que se erigió en protagonista de la lucha contra el multimedio Clarín cuando en realidad era solo un guardaespaldas del poder, le de marco a la mirada que aquí queremos dejar. «Si Alberto no hubiese sido moderado, no ganábamos. Si en el Frente todos nos moderamos, deja de tener fogosidad. Yo no me quiero moderar” sostuvo el ex titular del AFSCA para dejar en claro el pensamiento del kirchnerismo más rancio al que representa

Ese que lo empuja a Axel Kicillof a una actitud confrontativa que además roza la grosería cuando desgrana una perorata de media hora, hablando más que el propio presidente de la república y enmendado la plana del tono y el contenido del mensaje del mandatario. El gobernador es Cristina y desde la conducción paralela del  Instituto Patria ya nada quieren saber con la imagen de un Alberto cercano al Jefe de Gobierno porteño y tan lejano del #VamosPorTodo que se ha reinstalado en el centro de la escena.

Rodriguez Larreta en tanto debe hacer equilibrios ante el ataque de su compañero de mesa a la figura de María Eugenia Vidal, a la que necesita en este tramo de definiciones dentro de un Juntos para el Cambio que lentamente quiere dejar de ser macrismo puro, y la conveniencia de sostener la buena convivencia lograda con el jefe de estado que a su vez encuentra en el alcalde porteño un sostén para ir construyendo su propio margen de gobernabilidad.

Todos los protagonistas deben atender su juego y hoy están condicionados por las presiones que surgen de sus propios espacios. Tienen que consolidar sus espacios y no están solos al momento de tomar decisiones. Ni la crisis pandémica alcanzó para apagar los fuegos internos de la política nacional y el menú lejos está de poder ser consensuado.

Todo está como era entonces…