La muerte de Lucía Bernaola reabre un debate interminable

RedacciónUna víctima más de la locura al volante y otro ejemplo de los efectos del alcohol en una franja etárea que parece descontrolada. Ya se dijo todo y sin embargo nada se hizo. (LEM)

Y otra vez las redes sociales se llenan de insultos y amenazas dirigidas a quien con su imprudencia criminal arrebató una vida joven y de paso arruinó la propia.

Sin embargo no serán esas redes las que deban juzgar el  proceder de Federico Sasso (19), quien por estas horas se encuentra detenido y tal vez, pasados los efectos del alcohol, haya tomado nota del desastre producido a terceros y a sí mismo. Será una justicia lenta, incapaz y aún paralizada para dar un fallo ejemplar en alguno de estos tantos casos y poner además la mirada en el grave problema que existe en el tránsito local.

El dolor de la familia de Lucía no permite agregar nada más que la intención del arrepentimiento. Y seguramente la de Federico esté por estas horas replanteándose comportamientos de permisividad que, sin ser directamente responsables de lo ocurrido, pudieron mostrar lasitud a la hora de poner límites.

Y recordar a nuestros legisladores  la obligación de llenar ese agujero negro que existe en nuestro ordenamiento jurídico, dando a los accidentes por imprudencia o presencia de drogas y alcohol el carácter inviolable de dolosos, para permitir discernir definitivamente entre un hecho fortuito y una supina irresponsabilidad.

El análisis de Adrián Freijo