La particular vivencia de una argentina en Samaipata

Catalina Pérez Manetti salió con su mochila desde Tandil sin destino fijo, pero llegó a la tranquilidad de la ciudad boliviana de Samaipata y se sintió tan a gusto que decidió quedarse.

En lengua quechua, Samaipata significa algo así como un lugar de reposo entre montañas, una definición que describe de manera literal lo que representa la pequeña localidad de 4.000 habitantes ubicada a poco más de 100 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra.

Hasta ahí llegó Catalina con su mochila y la intención de encontrar un lugar donde pueda vivir plenamente a su manera, aprendiendo de la vida en comunidad y entendiendo lo que genera trabajar codo a codo con los locales. Encantada con la posibilidad de dar clases de gimnasia para todas las edades, disfruta de poder estar en contacto directo con la gente a través del entrenamiento físico en estos lúdicos encuentros que incluyen algo de piruetas y acrobacias.

Aunque de entrada los bolivianos parecen ser un poco cerrados para relacionarse, para esta argentina insertada en la cultura de Samaipata no existieron barreras para poder forjar sus vínculos hasta sentirse en familia.

En diálogo con la periodista Florencia Cordero en el programa Un Lugar en el Mundo de Radio Brisas de Mar del Plata, Catalina Pérez Manetti contó los detalles de su enriquecedora experiencia entre los valles de Samaipata y describió los movimientos del especial ritmo de vida que caracteriza a esta pintoresca localidad de Bolivia.