La Pastoral Social y una cuestión que enfrenta a los marplatenses

La protesta de quienes nada tienen y el derecho vulnerado de los que quedan en medio de la misma. Dos caras de una exclusión que enfrenta a unos y otros. La voz de la iglesia y la sordera del poder.

Por Adrián Freijo – Se conoció un documento de la Pastoral Social de la Diócesis de Mar del Plata que propone un camino de diálogo que comience a zanjar la discusión sobre los derechos de cada uno que cada día divide más a los argentinos y a los habitantes de la ciudad.
El derecho a reclamar de los excluidos –más allá de nuestro convencimiento acerca de que ya no se puede hablar de tales sino de las víctimas de un largo y constante deterioro, convertidas hoy en una nueva clase social que bien puede ser denominada como los miserables- choca fuertemente con el de los ciudadanos que quieren trabajar, transitar o simplemente vivir en paz.
Lo ocurrido en la sede de Desarrollo Social es casi la postal perfecta de lo que aquí decimos. Durante varios días, aquellos que no tienen siquiera lo mínimo y necesario para subsistir -perdida desde hace mucho la dignidad humana del trabajo- reclamaron a las puertas y en el interior de una repartición en la que, ahora se sabe, se enquista una mafia perversa e inhumana que comercia con aquellos alimentos que deberían ir a paliar el hambre de los más débiles.
Y esa protesta representó para los vecinos el drama de la violencia, de sus casas tomadas como baño público, de la imposibilidad de abrir sus negocios, transitar por sus veredas y en definitiva vivir en paz.
La única solución que se le ocurrió al estado fue la violencia. Un desalojo que generó enfrentamientos, miedo y heridos, en el que estuvo en riesgo la integridad de los que protestaban, de los empleados municipales y de la gente que vive en las inmediaciones. Un verdadero disparate y un desmán conceptual que emparenta con los peores momentos de la vida nacional, aquellos en los que la vida era un valor descartable.
Que demuestra la impotencia de las autoridades para organizar la acción social de manera tal de quitar argumento a los violentos, y a su vez garantizar la paz de los vecinos del lugar, justamente indignados por el calvario que les tocó vivir en esos largos días de toma y protesta.
Y sobre todo…un nuevo ensanche de la grieta que nos divide y que parece haber llegado para quedarse. Ya no se trata de fanatismo político; hoy estamos frente al drama humano de aquellas sociedades en disolución en las que los que algo tienen ven como un enemigo al que nada tiene, mientras el estado deja que esa pelea se resuelva sola y se limita a aportar garrotazos y amenazas.
             
Ante esto aparece la voz de la Iglesia solicitando cordura a partir del documento “El camino de la Paz, es el dialogo”  en el que sostiene  que  ” en nuestro país y también por tanto en nuestra diócesis, estamos viviendo momentos donde todos y especialmente los que tenemos responsabilidades de dirección, debemos extremar la capacidad de construir, de tener hacia los demás una mirada fraternal y misericordiosa, procurando siempre mirar mas lo que nos une que lo que nos separa; buscar espacios de diálogo cada vez mas fuertes, requerirá, ser valientes y creativos, pues solo así podremos proyectar un país grande y generoso, que cobije a todos sin excluir a nadie, así lo quiere Dios y tantos patriotas conocidos y desconocidos que nos soñaron y forjaron como nación”.
Diálogo, valentía y creatividad; un desafío que parece imposible para algunos, teórico para otros, pero que encierra aquellas cosas de los grandes momentos y reclama de dirigentes capaces de entender el mensaje de la historia.
No en vano concluye la Pastoral Social de nuestra diócesis que        “hace 200 años el general San Martín valientemente cruzaba  los andes para unir a los diferentes pueblos de Argentina, Chile y Perú… hoy tenemos un reto que no es menor: cruzar la cordillera de prejuicios, y visiones parciales, para construir una patria solidaria, integrativa y que busque el bien común. El Señor nos ilumine para ser constructores de la paz”. 
Porque de eso se trata: solidaridad, integración y bien común.
Lo primero nos hizo república, la integración nos había convertido en nación y el bien común en sociedad.
Los tres pilares de aquello a lo que llamamos Patria.