LA SOJA, EL POBRISMO Y LA MISMA PIEDRA

Como en un signo inocultable del destino el kirchnerismo vuelve a encontrarse con un precio internacional de la soja que le asegura una recaudación única. ¿Volverá a dejar pasar la oportunidad?.

Durante el gobierno de Néstor Kirchner y gran parte del de su esposa, el precio internacional de la soja tocó máximos históricos que sirvieron para sostener una primavera económica que debió ser el punto de partida del desarrollo argentino.

Pero la angurria del gobierno, la dilapidación de los dineros públicos y el único objetivo de multiplicar el asistencialismo como instrumento de dominación electoral terminaron desperdiciando una oportunidad de esas que raramente se repiten en un siglo.

Pero que, como si la rueda de la fortuna hubiese elegido al peronismo para quedarse siempre con el premio mayor, ya está otra vez entre nosotros.

La inestabilidad mundial y la falta de crédito que acompañaron al gobierno de Raúl Alfonsín terminaron convertidas en lluvia de dólares y consolidación del mundo capitalista durante la gestión de Carlos Menem

Los precios deprimidos de los commodities que regían durante la administración de Fernando de la Rúa estallaron en un alza incontenible con Eduardo Duhalde en el poder y tocaron el cielo con los Kirchner al frente de la Argentina…

Y sin embargo, en sus tres ciclos de precios virtuosos, el peronismo solo supo multiplicar la pobreza, la desocupación, el retraso productivo y la decadencia nacional. Y al observar los perfiles tan distintos de cada una de sus administraciones debemos concluir que ello se debe a una forma de entender la construcción del poder y no a un sesgo ideológico determinado.

Cristina y Néstor optaron por la guerra con los productores agropecuarios a partir de la intención desembozada de quedarse con la mayor parte de la renta de la producción. Apropiarse de la porción mayor en las buenas era y es la única estrategia elegida para sostener ese estado elefante, pesado e inútil que solo se limita a fomentar el «pobrismo» como forma de dominación.

Y pese a aquel error, y al rechazo de una sociedad que se dispuso a terminar con esa visión del poder y de la política, la impresentable gestión de Mauricio Macri -plagada de ineficacia, malas evaluaciones y caprichos infantiles que terminaron escondiendo además una «corrupción justificada» en los negocios para los amigos- devolvió a Cristina al poder con el plus de contar en esta ocasión con un mascarón de proa que recibirá todos los cachetazos sin tener ni arte ni parte en las decisiones profundas del gobierno.

Y otra vez los precios de la soja, el maíz y el trigo por las nubes, y otra vez la oportunidad de iniciar un círculo virtuoso en el que los millonarios ingresos por exportaciones que recibirá el país puedan ser utilizados para inversión, ciencia, investigación y desarrollo. Es decir, para poner de una vez por todas a los caballos por delante del carro.

Pero, como antes y como siempre, en vez de convocar al campo y organizar un negocio común, con ganancias equilibradas y generando una sociedad de objetivos, esfuerzos y resultados, el gobierno elige confrontar, aumentar la presión fiscal, amenazar y pretender el manejo de los mercados como si ese estado ineficiente y prebendario supiese algo de lo que representa producir, invertir, y comerciar.

Mientras desvía miles de millones de pesos para sostener al «pobrismo» que condena a millones de argentinos a la sumisión y a la dependencia, cuando el mundo pone por delante de nuestras narices una nueva oportunidad de crecer generando trabajo. Porque tanto en el campo como en la agroindustria serán necesarios miles de puestos para afrontar un crecimiento de la actividad que esta vez va a durar mucho más que una década…

Y que sería imperdonable pasar por alto por la estupidez de tropezar, una vez más, con la misma piedra.

Pero no hay caso…aquello de combatiendo al capital que durante décadas se cantó a los gritos y que el propio y último Perón pidió dejar de citar como regla, se metió en el cerebro enfermo de todos los que hacen de la decadencia un negocio, del robo una actividad constante y de la pobreza un campo arado para sembrar la semilla de la esclavitud.

Que parece ser un cultivo que les rinde más que la soja misma…