Las aglomeraciones en la costa muestran a un estado incapaz o cómplice

RedacciónLos recitales populares en la rambla, que reúnen miles de personas en las temporadas de verano, siguen adelante como si nada y se convierten en serio foco de contagio. ¿Y el estado?.

Quien quiera ver en esta nota tan solo un atisbo de ataque al arte popular y callejero se equivoca. No se trata de estigmatizar a nadie -ese fútil pretexto que ahora se utiliza para justificar cualquier desapego a las normas y a la lógica- sino de marcar una realidad alarmante en tiempos de pandemia y especialmente cuando la curva de contagios amenaza a dispararse.

Los recitales de artistas populares en la zona de la rambla marplatense son un clásico desde hace varios años. Tal vez no sea este el momento de debatir si aportan a la imagen de la Mar del Plata turística o por el contrario se convierten en otra postal de la ciudad decadente, sucia y marginal que cede año a año calidad de visitantes en beneficio de otras localidades de la costa.

Un debate que en algún momento deberemos dar, máxime cuando a pocos metros de ese improvisado anfiteatro callejero se ha instalado una creciente feria a cielo abierto, carente de toda estética e higiene, que termina por dar al sector una impronta de arrabal berreta muy lejos de aquella ciudad que mostraba orgullosa sus paisajes costeros para paseo y deleite de propios y visitantes.

Pero las imágenes que llegan ahora a las redacciones dan muestras de algo mucho más grave y urgente que resolver: miles de personas acumuladas, hacinadas, sin barbijo ni cuidado alguno, que resuelven por las suyas convertirse en agentes de contagio sin que nadie haga algo por evitar semejante comportamiento antisocial y, si se nos permite, casi criminal.

¿Qué hace el estado además de seguir mendigando una responsabilidad que es evidente no forma parte de la preocupación de las personas?…

¿Para qué pagamos los impuestos y tasas más altos del continente -esos que ahogan a la actividad privada y alejan toda posibilidad de crecimiento del trabajo y el empleo- si ni siquiera podremos contar con las autoridades para poner coto a este tipo de excesos?…

¿De qué sirven las fuerzas federales, provinciales y locales de seguridad que no sea para pasear sus uniformes y desganos «haciendo como qué» están para cuidar a los ciudadanos?…

Cuando las imágenes valen más que las palabras, lo único que podemos esperar de un estado sin respuestas ni capacidad es, al menos, el homenaje del silencio y la actitud de dejar de robarle a la gente sus ingresos para un servicio que no sabe, no quiere o no puede dar. Antes que los ciudadanos se cansen.

Al menos los que queden vivos después de tanta locura irresponsable…