Las elecciones en Mar del Plata son tema de debate en Chapadmalal

Por Adrián Freijo Durante la primera parte de las deliberaciones encabezadas por la gobernadora la cuestión  estuvo en el centro de la escena. Los pormenores de una reunión crítica.

En el break del mediodía todos coincidían en algo: pocas veces habían visto a María Eugenia Vidal de tan mal humor. La gobernadora había hablado antes con sus referentes locales, concretamente con Guillermo Montenegro y Maxi Abad, quienes le habían trazado un panorama preocupante con respecto al próximo proceso electoral: para ambos la gestión de Arroyo estaba llevando al espacio Cambiemos a un terreno anegadizo que amenaza cada vez más con hacer naufragar las posibilidades de alzarse con un triunfo.

Ambos, pero sobre todo el radical marplatense, saben que hoy no cuentan con los votos necesarios para asegurar la victoria. Y Abad no quiere aparecer como perdedor; prefiere esperar el próximo turno. Aunque sepan que si Vidal le ordena jugar poco será lo que pueda hacer para negarse.

Lo que tal vez ninguno de ellos se animó a reconocer ante Vidal es que esas chances están hoy muy atadas a dos alternativas que disgustan a Vidal: jugar con Baragiola, que sigue triplicando en intención de votos a cualquiera de los otros postulantes, y ver como se recata el exiguo pero imprescindible caudal de voto cautivo que aún retiene el intendente. Si no se consigue ninguna de esas cosas “en octubre no solo perdemos Mar del Plata sino las chances de neutralizar el triunfo del peronismo en la Tercera” dicen preocupados quienes prefieren ver la realidad y no imaginarla a gusto y placer.

Y es que Vidal está hoy convencida de que la realidad es otra. Sus más cercanos asesores manejan por estos días la teoría de que Arroyo hace perder más votos de los que arrima. Y no atinan a resolver una cuestión central: ¿cómo retener su caudal sin tener que aguantarlo poniendo la cara en la campaña?; ¿cómo lograr que se mantenga en silencio y ceda en tanta pelea “piantavotos” en las que se siente como pez en el agua?.

Alguno de los presentes se animó a decir algo que todos callan y que es la conveniencia de aceptar el presente de Vilma Baragiola. Más allá de cualquier consideración la concejal marca en todos los sondeos una intención de voto que roza el 30%; y todos saben que ese es el límite a cruzar si lo que se pretende es un triunfo.

Todos coinciden en que la realidad económica y social del distrito atenta contra cualquier expectativa optimista y que la figura de Mauricio Macri se ha convertido también en General Pueyrredón en un lastre difícil de arrastrar. Pero son concientes de que, como en pocos lugares de la provincia, acertar aquí en las figuras que acompañen a la gobernadora en la boleta se volverá fundamental. “Mar del Plata corta boleta y aquí no podemos confiar en el efecto arrastre. Estamos en problemas” nos decía la misma fuente en las primeras horas de la tarde de hoy.

Uno de los dos precandidatos que cuentan con la bendición oficial planteó una idea que, según los presentes, María Eugenia quedó en analizar: plantearle a Arroyo que desista ya de su reelección para poder hacer campaña bajo la promesa de un salto de calidad y no de una continuidad que espantaría al electorado independiente. Pero…¿quién le pone el cascabel al gato?; Vidal se niega a ser ella la que hable con el levantisco jefe comunal y todos coinciden que cualquiera fuese el enviado no podrá garantizar que lo que allí se acuerde vaya a cumplirse.

Sin embargo todos coinciden en que “algo hay que hacer y hay que hacerlo ya”.

La gobernadora aseguró que va a tomar una decisión en las próximas horas y que está dispuesta a cualquier sacrificio personal si con ello se asegura el triunfo en un distrito que se les escurre hoy entre las manos. Y lo hará sin perder de vista que los números no cierran y que las simpatías o antipatías poco tienen que ver con los objetivos políticos.

Chapadmalal será, seguramente, el inicio de una historia distinta.