Las legislaturas como escenario de la disolución argentina

Por Adrián FreijoEl Congreso Nacional epicentro de un escándalo que impidió sesionar, el provincial copado por un intendente y sus fuerzas de choque y la democracia en retirada.

Algo tan grave como es definir el futuro de los jubilados o cambiar las leyes que regulan el acceso de los trabajadores bonaerenses a la protección de sus derechos frente a una ART, o la reforma de un régimen fiscal que afecta a todos los contribuyentes argentinos y aún aquella que fija el tiempo de actividad de los trabajadores del Banco de la Provincia de Buenos Aires, todo pierde importancia frente a la imagen de una república en la que las representaciones legislativas no gozan de las garantías mínimas para sesionar y resolver.

Algo por cierto insólito en un país en el que esos mismos cuerpos se han convertido en aguantadero de dirigentes condenados y, en todos los casos, por delitos contra el estado. Ellos encuentran en su figa hacia adelante las garantías que sus pares no tienen para debatir, votar y resolver. Una imagen de la Argentina que la pinta más que ninguna otra en su descarnada pestilencia.

Golpes entre los legisladores nacionales en el recinto, mientras en las calles una marea descontrolada de militantes -que seguramente ni sabían de que se trataba la cuestión de fondo- se enfrentaba con un operativo represivo digno de las peores épocas de autoritarismo en el país.

La propia Elisa Carrió sostuvo que “no se necesita tanto gendarme, la ministra tiene que parar, se pueden poner sin uniforme”, dijo amargamente.

En La Plata un intendente que a fuerza de golpes, y rodeado de cientos de militantes convertidos en fuerza de choque, que irrumpe en la sesión de la legislatura provincial para impedir su normal funcionamiento.

Imágenes de un país sin rumbo, en el que el gobierno sigue imaginando situaciones que no existen, mostrando su impericia y amagando con una soberbia enceguecida propia de quienes ven la realidad por la ventana de sus propios intereses.

Y colocándonos a todos en la puerta de la decepción y en la reiterada aventura de volver siempre al pasado, a la violencia y a la ingobernabilidad.

Tan triste como peligroso…