Ley de Teletrabajo: Mar del Plata será víctima de la nueva norma

Por Adrián FreijoUna instrumento legal que atrasa, la confusión acerca de la verdadera protección de los derechos laborales y un error que costará miles de puestos de trabajo.

El mundo ingresa en una nueva era y el teletrabajo llegó para quedarse y darle otra impronta. Como ocurriese con el empleo industrial a partir de la segunda década del siglo pasado, ahora se trata de enmarcarlo e incorporarlo a las convenciones capital-trabajo que rigen cualquier actividad en el universo capitalista.

Y también, como entonces, esto traerá tensiones, conflicto y lucha de intereses. ¿Qué otra cosa puede esperarse de una sociedad universal en la que la compulsión por el lucro ha chocado históricamente con los derechos del asalariado y su búsqueda de mejores condiciones de vida?.

La aparición de los sindicatos, tras la oscura noche de la Edad Media, consolidó la capacidad del proletariado para organizarse, fortalecerse y avanzar en la lucha de esas reivindicaciones. Sin embargo en muchos casos, cuando el interés de los dirigentes se levanta por encima de los de sus representados, la pérdida del sentido final de estas organizaciones puede redundar en un daño irreparable de los derechos del trabajo.

Cuando se observa el índice de informalidad laboral existente en la Argentina, la creciente pobreza y marginación, la concentración económica que no solo consolida a una clase privilegiada diminuta por sobre una extendida clase media baja y baja que no deja de crecer, es menester entender que algo ha fallado o que en algún momento se ha perdido el rumbo y el equilibrio. Máxime cuando son tantos los «representantes» de los trabajadores que viven e integran el círculo de aquellos que mucho tienen y poco derraman sobre la sociedad.

La Ley de Teletrabajo, recientemente aprobada en un parlamento con mayoría peronista, es un claro ejemplo de estos desequilibrios, aquellos privilegios y sobre todo la pérdida del criterio fundacional del justicialismo que sostenía la movilidad social ascendente.

Porque cuando una ley sirve para destruir empleo y marginar al hombre, puede ser buena o mala -de acuerdo al criterio que aplique cada cual- pero lo que seguramente no será es peronista.

Muchos son los aspectos criticables de la nueva norma, dictada desde la angurria de un sector sindical representado por la familia Moyano que busca ingresar en el nuevo tiempo con la misma prepotencia y en la búsqueda de similares prebendas de las que ha disfrutado en el que termina, apropiándose de los trabajadores de empresas TIC y trabando la posibilidad de acuerdos flexibles entre los de las empresas tradicionales que opten por la nueva modalidad.

La ley establece el principio de «reversibilidad», según el cual el teletrabajador podrá revertir esa modalidad cuando quiera volver al trabajo presencial, un punto que fue de los más criticados por los empresarios, que consideran que esto choca con la capacidad de dirección y organización que compete a los empleadores.

¿Qué ocurre si alguien que en su momento optó por el trabajo a distancia resuelve volver a la sede de su empleo?, ¿y si son muchos los que así lo deciden?, ¿y si es el sindicato, como forma de presión, quien se los ordena?. ¿Deberá el empleador ampliar instalaciones, mobiliario, equipos, para contenerlos?, ¿se verá obligado a seguir pagando sus salarios sin recibir prestación alguna ni poder exigirla por la limitación que la ley supone?.

También se establece que quienes «acrediten tener a su cargo, de manera única o compartida, el cuidado de personas menores de 13 años, personas con discapacidad o adultas mayores que requieran asistencia específica, tendrán derecho a horarios compatibles con las tareas de cuidado a su cargo y/o a interrumpir la jornada». ¿Y si los mismos no son compatibles con la actividad de la empresa?. ¿Tendrán los empleadores que desarrollar todo un sistema de conducción y dirección acorde con la disponibilidad  de cada trabajador?. ¿O también deberán pagar un salario a quien por horario no pueda desarrollar tarea alguna?.

Esta nueva norma legal ya comienza a tener sus consecuencias: para las empresas -sobre todo aquellas que se desempeñan en el sector informático- es más seguro y económico abrir oficinas en el exterior, contratar personal de esos lugares y evadir la legislación limitativa y absurda que ahora tiene la Argentina.

Se calcula que en los próximos meses se perderán miles de puestos de trabajo que irán a beneficiar a otros países. Pero también que para el nuestro esto representará un retraso de aproximadamente 20 años.

Mar del Plata pretende desde hace tiempo ser una ciudad de punta en todo lo que tiene que ver con la actividad informática. Y ya son varias las empresas locales que han resuelto frenar sus planes de desarrollo e instalarse con pequeñas sedes en el extranjero para comandar desde allí sus negocios, con el personal incluido. El daño directo para la generación de empleo se calcula en 10.000 puestos de trabajo que dejarán de crearse en un lapso aproximado de dos años.

En la década del 70 algo similar pasó con las empresas pesqueras. Alguna, reconocidas en el mundo entero como la que supo construir «Paco» Ventura, optaron por trasladar sus sedes legales al exterior para escapar de la presión abrumadora del estado y los sindicatos. Fue el inicio de la muerte de la pesca local…

Una vez más nos disponemos a perder el tren de la historia; el país abrazado al pasado, al ideologismo y a las frases llenas de palabras y vacías de contenido sigue adelante sin que su propia cara de fracaso y tristeza le haga ver que la cosa no da para más. Que es necesario debatir con seriedad y sin prejuicios como se acomodan los derechos y obligaciones de las partes a una nueva era de globalización, tecnología y muerte de las distancias y las nacionalidades cuando de tareas informáticas se trata.

No vaya a ocurrir que prontamente nos encontremos con millones de personas protegidas por rígidos derechos laborales, pero sin trabajo, frente a la ausencia absoluta de quienes busquen invertir en la Argentina y apostar al futuro.

Y sobre todo no olvidar que este es un tiempo en el que expulsar cerebros y capitales puede convertirse en un estertor previo a la muerte.