Lionel Messi: Desconfiá cuando se enoja un manso…

Por Adrián FreijoEl ídolo catalán anunció a los directivos del Barcelona que desea utilizar la cláusula de salida y terminar su relación con el club al que supo conducir a lo más alto. Ahora es,otra vez, el dueño de la pelota.

Lionel Messi ha sido a lo largo de toda su carrera un cultor de lo políticamente correcto. Dotado de una personalidad muy especial, el argentino no necesitó más que su talento para llegar a la cima y mantenerse en ella mucho más allá de una década. No le hizo falta rasgo alguno de vedettismo ni actitudes de soberbia tan comunes a otros ídolos deportivos -y sobre todo futbolísticos- que con mucho menos gloria y recorrido que el argentino construyen personajes excéntricos, ruidosos y altaneros que terminan por convencerlos de que son el centro del mundo.

Heredero de la sencillez de Alfredo Di Stéfano y Johan Cruyff, otros extranjeros que arribaron a los clubes más grandes de España y quedaron en el Olimpo de sus seguidores por su valía futbolística y humana, Messi ha transitado su carrera hablando dentro de la cancha y cultivando el bajo perfil fuera de ella. Nadie podrá recordar jamás un solo escándalo que lo torciese en su búsqueda de la gloria deportiva o lo distrajese de su intención de ser lo que consiguió por cierto con creces: el mejor del mundo.

Pero es claro que tampoco resulta fácil llevárselo por delante y por estas horas en la Ciudad Condal deben estar tomando nota de ello.

Su pedido de salida del «culé» lleva un mensaje claro a su dirigencia y, tal vez, a la del fútbol mundial: los protagonistas siguen siendo los jugadores y todos los que rodean este monumental negocio deberán tener en cuenta que los destratos, los caprichos y las imposiciones ya no tienen cabida en el tiempo que viene.

Seguramente estemos frente a un fin de ciclo -glorioso por cierto- y ello obligue a cambios en el plantel catalán que involucren a algunos jugadores intocables hasta ayer mismo. Pero ello no puede ser encarado como si los que se tienen que ir nada hubiesen hecho por la gloria «bleu grana» y quien llega con la escoba tenga derecho a tratarlos con el desprecio que la peor patronal del mundo capitalista tiene con sus obreros.

Y hace bien Lionel Messi en recordárselos y plantarse como lo ha hecho en las últimas horas. Aún sabiendo que todos harán o necesario para su continuidad el capitán del Barcelona le está recordando a los directivos del club y al nuevo técnico -que parece no haber aprendido nada de su propia y escandalosa salida cuando era ídolo de la institución que ahora pretende dirigir técnicamente- Lío esta reclamando respeto para sus compañeros y ejerciendo en plenitud el mandato que le da el brazalete que lleva en su brazo.

Una lección que dejará huellas en Ronald Koeman, sorpresivamente desgastado como si llevase años al frente de la plantilla,  y marcará un antes y un después en la crujiente vida institucional del barça en el que los días de su errático presidente Bertomeu parecen estar contados. Y una ciudad conmocionada, furiosa y movilizada detrás del único objetivo que le interesa: la continuidad de Messi en su club emblema.

Algún día aprenderemos que a los mansos no se los atropella y que cuando de fútbol hablamos lo único importante es saber que hay que hacer con ese objeto redondo que solo acepta rendirse ante el talento.

Y ese día puede ser hoy…