LOS 100 DÍAS DE ARROYO

Un plazo que la leyenda urbana le ha puesto al «romance» de la gente con el nuevo gobernante. Carlos Arroyo es «distinto» y por lo tanto también la evaluación debe ser distinta.

Es cierto, los problemas de  gestión de estos primeros 100 días han servido para alimentar el deseo de sangre de quienes solo tienen como objetivo que Arroyo pase cuanto antes a ser historia. En la misma medida en que enfervorizó -hasta ponerlos en pie de guerra- a quienes, más llevados por el odio «al que se fue» que por la razón pura, alimentan la teoría del propio interesado que sostiene que esta es una guerra, con desembarcos y todo.

En el medio parece quedar como «convidada de piedra» una inmensa cantidad de marplatenses y batanenses que votaron una opción de cambio y que lo hicieron desde perfiles y motivaciones diferentes. 

Los que seguían a Macri, los que se defendían de la posibilidad de que Aníbal Fernández fuese gobernador de la provincia y los que votaron a Carlos Arroyo...porque creían en Carlos Arroyo.

Y es justamente el intendente el que tiene que entender esta pluralidad, si realmente quiere conducir un período democrático y no jugar su suerte a una épica combativa que nada tiene que ver con la principal demanda de la sociedad en este momento: normalidad, tranquilidad, trabajo y desarrollo. Cuatro aspiraciones que son, justamente, las que desaparecen en épocas de conflicto.

Por eso importa poco evaluar -con sus muchos tropezones y poco logros- estos primeros días de gobierno. Todos estamos aprendiendo; Arroyo a gobernar, los periodistas a analizar sin amenazas ni presiones de ningún tipo, los empresarios a moverse en un mundo de competencia en el que ya no alcanza con tener el teléfono adecuado del funcionario adecuado y la gente a esperar el transcurso del tiempo sin sacralizar o demonizar a los nuevos protagonistas.

Tal vez no haya hoy demasiados motivos para el optimismo y la aparición de escándalos de corrupción, poca iniciativa para resolver los problemas y justificaciones que cada vez tienen contacto con la realidad puedan estar mostrando que es muy alto el precio que se paga por la improvisación.

Pero hay tiempo para todo; para las correcciones y para el aprendizaje. Lo que no es poco cuando se mira para atrás y se recuerdan los valores por los que la gente entronizó a Carlos Arroyo como líder: educación, orden y honestidad.

Y 100 días es muy poco para que esa misma gente lo haya olvidado..y el intendente también.