Contra la opinión de muchos de sus colaboradores Macri siguió el consejo de Durán Barbas y Marcos Peña y llevó adelante un ajuste rápido y brutal. Ninguna otra cosa es atendida hoy por la gente.
El éxito N°1 fue la visita de Barack Obama. El éxito N°2 fue la aprobación de la Ley que destraba el acuerdo para salir del default con 56 votos, más de 2/3 del total de senadores (6 más de lo que se esperaba horas antes), una conquista política que despeja todas las dudas sobre la capacidad de Mauricio Macri y del Gobierno del PRO para construir mayorías parlamentarias propias y asegurar la gobernabilidad.
La votación en el Senado también muestra el derrumbe acelerado del kirchnerismo en el único lugar institucional donde decidieron refugiarse: el Legislativo. Es más, en la Provincia de Buenos Aires, donde también eligieron el mismo ámbito para conchabarse, se duda si el Frente para la Victoria se dividirá en 3 o 4 bloques. Casi una diáspora.
La supuesta crisis, que sus protagonistas dicen que no fue tal, entre Elisa Carrió y Mauricio Macri, licuó las 2 buenas noticias e hizo creer que “Cambiemos” enfrentaba la posibilidad de una ruptura. Sin embargo, la propia titular de la Coalición Cívica bajó la temperatura al tema, creando, según algunos, un mecanismo defensivo dentro del Gobierno que suelen usar los peronistas cuando están en el poder: oficialismo y oposición en su seno, con lo cual, les quitan las banderas a muchos eventuales opositores.
Elisa Carrió logró destrabar la reforma judicial que impulsa el ministro de Justicia, Germán Garavano, que era boicoteada por Daniel Angelici; mientras Mauricio Macri podría haber allanado el camino para controlar la Asociación del Fútbol Argentino (cada uno con su obsesión… ), previo acuerdo con Marcelo Tinelli, dejando de lado al presidente de Boca Juniors, que puede comenzar a sufrir la misma “cadena de desgracias” queLázaro Báez y Cristóbal López, por ejemplo. (De paso, si Macri y Tinelli acordaron, ¿quién lanzó la ‘bola’ sobre Ideas del Sur?).
Entonces apareció el anuncio del aumento de todas las tarifas de los servicios públicos. Se impuso la tesis deJaime Durán Barba: todas las malas noticias juntas, lo que asegura 4 meses de quejas, protestas, reclamos y conflicto social; para comenzar hacia agosto/septiembre, en el mejor de los casos y si todo sale tal como lo espera la Casa Rosada, a cambiar el clima político y social.
Desde fuentes oficiales se intenta minimizar el impacto de los aumentos en los bolsillos de los consumidores, en la capacidad de consumo de las familias y en las estructuras de negocios de empresas y negocios medianos y pequeños, con su consecuencia de despidos. Sin embargo, recién para cuando esté comenzando la Primavera veremos si fue una buena o mala idea y cuál fue el costo social y político real de la estrategia. No serán semanas fáciles las que vienen.
Y en el Gobierno se asustaron cuando vieron, a través de los datos del Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina, el efecto de las medidas tomadas en los primeros 100 días en el poder. Pocos imaginaron que se podrían crear 1,4 millón de nuevos pobres y 350.000 nuevos indigentes. Creían que el impacto sería menor y se preocupan por el efecto que tendrá el sinceramiento de las tarifas anunciado.
Es cierto que sobre 13 millones de pobres el Gobierno de Cristina Fernández es responsable de 11,5 millones y que de 2,5 millones de indigentes tiene en su haber 2,2 millones de personas. Sin embargo, con baja de retenciones (que reactivó varias economías regionales), la suba de las jubilaciones, pensiones, planes sociales y lo del mínimo no Imponible de Ganancias creían que habían minimizado el golpe. Se equivocaron.
Los propios técnicos de la UCA explicaron que el aumento de la pobreza fue efecto de la devaluación o y de la inflación en los productos de la canasta familiar. Pero no hicieron un paralelo con la salida abrupta de la Convertibilidad. Quizás, habrían descubierto que el sinceramiento de tipo de cambio y la suba de precios tuvo menor impacto social que en 2002.
Aunque nada hace pensar que ello hubiese servido para calmar la furia social.


