Los juegos de la corrupción y una sociedad estúpida

(Redacción) – Escuchamos las grabaciones del caso Nisman y nos dicen que no son importantes. Vemos los movimientos económicos del poder y para la justicia no pasa nada.

Cristóbal López alquila propiedades de la presidenta en la misma medida que lo hace Lázaro Báez. En realidad ninguno de llos las usa…pero pagan millones para tenerlas en su poder. Un negocio tan raro como inexplicable.

Luis D’Elía conversa con representantes del gobierno iraní en la Argentina y en esas charlas aparecen gobernantes de aquí y de allá tramando una impunidad que sólo se evita por la acción de la justicia que declara la inconstitucionalidad del memorándum que la consolidaba.

Un juez, tapado de denuncias en el Consejo de la Magistratura por un grosero mal desempeño de sus funciones, resuelve sin más que tales escuchas ni siquiera tienen que ser tenidas en cuenta y rechaza la denuncia de un fiscal asesinado que había involucrado a la propia Cristina en ella.

Todo lo obvio que el ciudadano percibe desde un simple contacto con la realidad termina evaporándose en palabras, resoluciones y silencios de los gobernantes.

Todos los autoritarismos de la historia se han caracterizado por su capacidad para negar la realidad. Es parte integradora de estos el creer que la verdad es sólo aquella que les conviene y aceptan. La gente, ese pobre pueblo al que hay que guiar, no está capacitado para entender.

Es grave…pero es más triste.

Que nos tomen por tontos es grave; que sientan que no podemos discernir la verdad, es grave; que estén convencidos que sólo el paso del tiempo servirá para borrar sus huellas de tanta corrupción criminal, es grave; que se apropien de los bienes y la vida de los argentinos, es grave.

Pero que puedan tener razón al sostener nuestra estupidez…sería muy triste.