LOS LÍMITES QUE NO PODEMOS TRASPASAR

A los conflictos centenarios por sus límites físicos, económicos y políticos el país le sigue sumando aquellos que más costo representan y que alimentan a todos los otros: los morales.

La muerte de Fabián Gutierrez en circunstancias claramente vinculadas con su vida privada vuelve a poner en el tapete el que seguramente representa el problema más grave de la sociedad argentina: la carencia de límites morales a la hora de imponer sus propios criterios por sobre los del adversario. Que en nuestro país nunca deja de ser considerado un enemigo…

Gutierrez representaba mucho de la peor cara de nuestra vida institucional. Una fortuna necesariamente mal habida -no resiste análisis alguno que un funcionario público o alguien vinculado a la política amase una riqueza semejante- lo había convertido en alguien que seguramente disfrutaba una calidad de vida, al menos en lo económico, construida sobre la miseria de los argentinos y amparada por esa naturalidad con la que los ciudadanos hemos llegado a tomar el latrocinio.

Los pliegues de una justicia putrefacta y el amparo de una institucionalidad propia de una organización tribal hecha y planificada para la impunidad, lo convirtieron en un ejemplo, uno más, de tantas cosas que no por evidentes llegan alguna vez a ser probadas. En la Argentina los hombres y mujeres que se encaraman en el poder terminan amasando fortunas inalcanzables para el resto de los habitantes -aún para quienes trabajan con éxito durante toda su vida- y que terminan consolidándose con el solo expediente del paso del tiempo: siempre vendrá luego otro corrupto, otro escándalo y otros titulares mediáticos que depositarán lo ocurrido en el desván de los recuerdos. Y esa es seguramente la mayor garantía que los ladrones tendrán para no pagar nunca sus culpas.

Pero pretender que de un caso de aristas vergonzosas, en el que se mezcla la extorsión, el sexo comprado y la malformación de los hijos del poder, pueda concluirse la responsabilidad de la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner parece otro exceso a esos límites morales que están ausentes y parecieran habilitarnos a decir y publicar cualquier disparate.

Por que los asesinos, las circunstancias y sus torpezas ya están determinados…

Por que los dichos del ex secretario en la causa Cuadernos ya están declarados y son ahora cuestión de probanzas que no necesariamente requieren de la presencia del denunciante…

Por que nada tiene esto que ver con la trágica muerte del fiscal Alberto Nisman que iba a declarar en contra de la entonces presidente algunas horas después de aparecer sin vida. Gutierrez ya había declarado y determinado nombres, circunstancias, lugares y hechos…

Y por que no hace falta ser un emulo de Sherlock Holmes para entender que si se hubiese pretendido montar una escena de robo para justificar el crimen no se hubiese recurrido a jóvenes de la sociedad santacruceña como los que ahora están imputados del homicidio…

Es probable que para los cultores de la grieta esta sea una oportunidad para seguir tendiendo un manto de dudas y acusaciones contra la jefa del «otro» sector del drama argentino. Y también lo es que para millones de ciudadanos esa estrategia les abrirá la puerta para continuar con las descalificaciones, ahondar los odios y tranquilizar sus conciencias, siempre preparadas para pensar lo peor cuando del enemigo se trata.

Pero somos muchos los que, aún con convicciones políticas firmes y convencidos de la necesidad de que quienes se han robado la Argentina alguna vez paguen por sus andanzas, debemos esforzarnos por mantenernos dentro de la lógica, la razón y los límites morales que nos frenen a la hora de dar a las cosas el formato que quisiéramos para aceptar el que en evidencia tienen.

Por no cuidar esos límites hemos perdido territorios, soberanía política, independencia económica, prestigio internacional, calidad institucional, libertades públicas y muchas otras cosas.

Tratemos de no perder la dignidad y el alma de los argentinos…