Los “miserídolos”: aquellos que no saben envejecer con grandeza

Por Adrián FreijoEn el fútbol argentino pareciera que los grandes ídolos, los más virtuosos y los más queridos, tornan en personajes miserables cuando se acerca el tiempo final.

Son muchos, demasiados, los ejemplos de grandes de nuestro fútbol que a la hora de la decadencia sacan a relucir la cara más miserable del alma humana.

Los que acusan a sus compañeros tratando de esconder que son sus piernas las que ya no responden…

Los que tratan de hacerse valer en el vestuario, dividiendo a sus de acuerdo a su capricho o simpatía, y creyendo suplantar con ello la menguante influencia que tienen en la cancha.

Y sobre todo los que utilizan a la prensa, esa tan tristemente común que hace de la obsecuencia una forma de “pertenecer” al mundo del fútbol, para iniciar operaciones de crítica y desgaste contra las nuevas figuras que amenazan quedarse con su sitial hasta ese momento exclusivo.

Ricardo Bochini no pudo superar el sordo rencor del adiós sin criticar a técnicos, compañeros y  dirigentes. A todos menos…al tiempo que pasa inexorable para todos.

Norberto Alonso, ahora por fin aupado por su club de siempre, destiló durante años veneno puro cuando se trataba de juzgar el comportamiento de los que hasta no hacía tanto tiempo eran sus laderos.

Juan Román Riquelme llegó al extremo de golpear a los suyos de la forma más aviesa cuando a minutos de jugar una final continental les comunicó que “estaba vacío” y dejaba el fútbol. Desde entonces esperó agazapado cada instante crucial de Boca para salir al ruedo sembrando dudas y críticas que generaran inquietud y divisiones.

José Luis Chilavert, en su compulsión por ser “el que ganó todo” lleva años criticando a sus colegas, burlándose de otros arqueros y descalificando jugadores. ¿Eso lo hace más grande?, ¿no hablan sus pergaminos por él mismo, sin necesidad del autobombo?.

Y el “1”, el indiscutido, Diego Armando Maradona, vive repartiendo agravios y descalificaciones contra todo el que se cruza en su camino, sin hesitar en el insulto más perverso y capaz de destruir hasta una vida privada. Pocos habrá que hagan un peor uso del privilegio de hablar y ser escuchado….

Es verdad, hay otros que prefirieron la grandeza del retiro sin decadencia moral. Pero lo ocurrido con Carlos Tévez tras el último superclásico -acusando públicamente a un compañero de ser responsable de la derrota-nos devuelve la transfigurada cara de estos ídolos soberbios y egoístas que no pueden aceptar el paso de los años, la declinación física y sobre todo su condición de ejemplo para los más jóvenes y su compromiso con sus pares.

Ídolos si…pero también miserables. Dignos del neologismo que da título a esta nota…