LOS QUE NO ENTIENDEN NADA

Cristina quiere gobernar, Macri quiere volver, sus incondicionales los empujan al centro de la escena, pero la mayoría de los argentinos quieren que se corran y dejen paso a una política nueva.

Se adueñaron de la política argentina de la última década -hay que recordar que sus desavenencias y chisporroteos se remontan a los años de Cristina presidente y Mauricio jefe de gobierno porteño y ya por entonces apuntando a La Rosada- y lo único que lograron es hundirla en una grieta cuyo fondo parece que estamos tocando por esos días.

Él con ínfulas de eficiente posmoderno, ella aferrada a los viejos liderazgos en base de látigo y carisma. Ambos incapaces de escuchar los buenos consejos o atender los mandatos de la realidad.

Tras dos gobiernos desastrosos, que hundieron social y económicamente a la Argentina, pareciera que nada han aprendido y que no surgirá de ellos ningún acto de grandeza o desprendimiento. Cada cual en su espacio y con su estilo tratan de cerrar el paso a cualquier renovación y continuar ocupando el centro de la escena, como si sus presencias fueran la razón de ser de la institucionalidad argentina.

Cristina, abocada a limar cualquier atisbo de construcción de poder por parte de Alberto, ocupa sus horas en apoderarse del PJ, colonizar ministerios y poner de rodillas cualquier disidencia interna. Quiere encarar el tiempo que viene sin sombra alguna a su poder y manejo de un oficialismo que, mientras tanto, se deshilacha en falta de respuestas a cualquiera de las urgencias de gobierno.

Macri, aún sabiendo que su reaparición le quita a Juntos para el Cambio la chance de juntar en octubre los votos de miles de argentinos que, desilusionados de Alberto y su gobierno, aún mantienen su rencor y enojo con el ex presidente y su fracaso económico y social. Y prefiere regalarle esos votos a terceras opciones, aunque de esa forma ponga en riesgo un posible triunfo de su coalición en los próximos comicios. Y por aquello de que los extremos se atraen reaparece en el escenario político con los mismos argumentos que un par de años atrás lo hiciese su contrafigura en esta tragedia argentina: con un libro en el que pretende explicar lo inexplicable y que será leído y aplaudido tan solo por quienes nadan en su misma pecera. 

Ninguno de los dos tiene una mirada periférica, ninguno va a asumir que encarnan una grieta que nos lleva al abismo, ninguno comprenderá el valor patriótico de retirarse, dejar el camino expedito a nuevas propuestas y renovados diálogos y asumir el riesgo de que sea la historia la que los juzgue, ya sin pasiones, en el futuro.

Porque para ambos…la historia comienza cuando ellos llegan.

No entendieron nada.